Los derechos de autor están en entredicho. ¡Viva el conocimiento!
La verdad es que los últimos diez años están suponiendo una verdadera revolución en lo que se refiere a la protección de los derechos de autor y, como no podía ser de otra forma, esto también afecta al mundo de la ilustración y de los comics. Hemos pasado a vivir una época en la que casi todo está al alcance de los dedos de una mano (literalmente) ya que con nuestro ordenador y una conexión a Internet se puede conseguir prácticamente todo sin tener que dar explicaciones a nadie.
Pero todo tiene su contrapartida. Los autores, entre los que me incluyo humildemente, tenemos la tendencia a la lógica protección de nuestro trabajo poniendo los medios a nuestro alcance para que no sea copiado, reproducido o plagiado impunemente. Pero de igual forma, es nuestra obligación avanzar tal y como lo hace la sociedad y adaptarnos a lo que demanda el público. Es seguro que el “negocio” tal y como lo conocemos ha de cambiar, pero ¿no lo hace acaso la sociedad misma?.
En el caso que nos ocupa, el de los comics, debemos plantearnos cual es nuestro objetivo profesional. Por un lado están quienes tienen como objetivo ser contratados por una gran editorial para reproducir los diseños de terceros (el caso típico de las grandes editoriales americanas o japonesas) y los hay quienes tienden a hacer un trabajo de “autor” donde la valía está en la capacidad del dibujante de plasmar una historia en cualquier circunstancia (creatividad).
El escenario es el de una lucha cuerpo a cuerpo entre la “propiedad intelectual” y el “conocimiento”. El primero de los casos es una lucha a la defensiva. Yo diseño, yo publico y yo lucho para que nadie lo copie sin pasar por caja. En el caso del conocimiento lo que tiene valor es el autor en sí mismo ya que lo importante es la capacidad creativa y no el producto realizado.
Como decía al principio, los tiempos cambian. Hace unas semanas discutía (sin llegar a las manos) con mi amigo Juan Caballero sobre la cantidad de información que debemos facilitar en una web corporativa. Mi postura es publicar todo lo publicable. Mi trabajo ya está pagado en su faceta de creación de la historieta, ¿acaso debo cobrar también por cada copia?. Hace unos años era incuestionable ya que la única forma de llegar al público era mediante el uso de la editorial y el papel. Hoy en día, y aunque yo no lo quiera, mi obra la tendrán en Australia, Japón o Canadá haciendo un par de "clics" con el ratón del ordenador.
Con esa nueva actitud en la que el destinatario de nuestros trabajos lo que comprará es conocimiento (creatividad + "know-how"), las reproducciones ya no tendrán que ser controladas. Es más, las copias de nuestros trabajos pasarán a ser una fuente importante de promoción. Tómese como ejemplo la industria discográfica, en la que los artistas miran cada vez con mejores ojos (para su cuenta de resultados) la celebración de giras y conciertos ya que el beneficio del CD cae en picado debido a la incontrolable descarga de archivos por Internet.
Debemos cambiar para sobrevivir y de lo que no me cabe la menor duda es que tenemos centenares de magníficos dibujantes que son magníficos artistas y que tienen que plantearse que la guerra de los derechos de autor (o la propiedad intelectual) es una guerra a la defensiva que hoy ya está perdida. Sin embargo, la batalla del conocimiento es una aventura en la que todo está por descubrir y por explotar.
Los tiempos de crisis son épocas en las que hay que buscar oportunidades, que las hay. Saquémosle provecho y renovemos nuestra estructura creativa.
Los lectores y los aficionados al cómic nos lo agradecerán.
Derechos de autor frente a conocimiento
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Libro electrónico y cómic electrónico
Las nuevas tecnologías han avanzado de una forma increíble en los últimos años. Apenas hace treinta años que fue cuando los primeros ordenadores entraban en nuestras casas. ¿Os acordáis del Commodore 64?¿Y de la Spectrum?. Esos eran los tiempos de la conquista del Oeste para todos los que empezábamos a hacer nuestros pinitos con los ordenadores y nadie podría imaginar la forma en la que la tecnología, y especialmente Internet, habría de cambiar nuestras vidas. Sin irnos más lejos, este blog no existiría y tú, amigo lector de este blog, ni siquiera sabrías que un loco como yo escribe a veces idioteces como esta. Y sin embargo... aquí está.
El cambio está siendo tan enorme y tan rápido que a muchos les está costando adaptarse e incluso comprender la verdadera dimensión de la revolución que estamos viviendo. Sectores como el de la música o el mundo editorial todavía no tienen claro qué es lo que va a significar este cambio ni, por supuesto, como adaptarse.
En el sector de la música se puede decir que el toro les ha pillado a todos. El número de descargas de música que se realizan diariamente se cuentan por millones y la consecuencia más clara e inmediata es que las compañías discográficas han empezado a recortar gastos de todos los sitios y a limitar las tiradas, centrando su negocio más en los espectáculos que en los discos en sí mismos. Esto se complementa con una absurda persecución de los derechos de autor que tan solo refleja una impotencia de la industria discográfica. Otro día entraremos en detalles. El caso es que no han sabido maniobrar a tiempo.
Pero, ¿sabrá el mundo editorial reaccionar? ¿Y el mundo del cómic en particular?. De momento no están a la altura de las circunstancias y pocos, muy pocos, están haciendo los cambios estructurales que les puedan permitir mantener un negocio que se va a basar en la dualidad “papel-versión digital” en escasos dos años.
El libro electrónico es algo sobre lo que llevamos meses escuchando hablar. Incluso se puede decir que ha sido uno de los regalos estrella de las pasadas navidades. También se está hablando, y mucho, del nuevo Ipad de Apple, que se supone va a ser la caña para la edición digital.
Soy de los que opinan que el papel va a seguir existiendo durante muchísimo tiempo, pero que habrá un nuevo producto que serán los libros digitales; que nada tendrán que ver con los tradicionales. Se nos ha tratado de vender que los libros digitales son archivos que descargamos en formato PDF para ser leídos en nuestro ordenador, en nuestro reluciente I-Pad o en nuestro libro electrónico, pero eso no deja de ser un camelo o un intento (con falta de imaginación, por supuesto) de la editorial por no perder unos cuantos euros. El libro electrónico es mucho más que eso. Debe ser mucho más que eso.
Supongamos que estamos escribiendo un libro el cual irá a imprenta en las próximas semanas y obtendremos una tirada de varios miles de ejemplares que olerán a celulosa y que podremos acariciar con nuestros dedos un rato todas las noches. Sin embargo, nuestro trabajo no ha debido quedar ahí. Seguimos trabajando para la edición digital del libro la cual, por supuesto, incluirá una versión del libro para ser leída en formato electrónico, pero dispondrá de otros muchos recursos que no se pueden ofrecer en la edición en papel.
Para empezar, el libro electrónico tendrá un enlace que le permitirá al lector conocer toda la vida y obra del autor. Incluso dispondrá de un extracto de otras obras que él mismo ha publicado y que están a su alcance para ser descargadas, si es su deseo, tan solo pulsando una serie de botones. Y no solo eso, sino que el lector podrá acceder a los comentarios que otros lectores han hecho previamente sobre el libro así como manifestar su opinión.
El libro electrónico ayudará al lector a conocer el contexto donde se desarrolla la historia. Si el lector desea leer del tirón todo el libro, podrá hacerlo, pero si por el contrario desea conocer detalles sobre los lugares, personajes o hechos históricos que menciona el libro, tendrá disponible el botón adecuado que le permitirá ir directamente a esos datos. Todo ello le hará comprender mejor lo que está leyendo.
Asimismo, el libro electrónico permitirá conocer en tiempo real el significado de cualquier palabra extraña que aparezca en el relato e incluso aportará sinónimos o incluso descripciones sobre el uso de dicho vocablo.
También el libro electrónico podrá incorporar las versiones en varios idiomas a fin de que el lector pueda conocer otras versiones (incluyendo la original) o, simplemente, practicar otras lenguas que sean de su interés.
El libro electrónico es también un soporte adecuado para ciertas excentricidades como la de crear historias cuyo final (o cuyo desarrollo) dependan de las decisiones del lector.
Sin duda, otra de las opciones de las que dispondremos con los libros electrónicos será la de acompañarlo con nuestras propias anotaciones, marcas de texto o aclaraciones sin que ello suponga estropear el soporte original.
El autor puede incluir, igualmente, una sección en la que relate los pasos creativos que le han llevado al desarrollo de cada una de las partes del libro. Podrá incluir dibujos de los escenarios que tiene en su mente o fotografías de los lugares que le han inspirado. O cualquier otra cosa que se le pueda ocurrir y que esté dispuesto a compartir.
Hay otras muchas ideas alternativas que irán apareciendo e incorporándose a los libros electrónicos y que los convertirán en un producto nuevo, diferente y apasionante. Y, desde luego, compatible con el soporte habitual de papel. Será algo así como los contenidos extras que acompañan a las ediciones en DVD de las películas.
En relación al “pirateo”, no será un problema ya que la compra del libro electrónico se podrá acompañar de un código que facilitará el acceso a los contenidos extras (que pueden ser online u offline). De esta forma, no servirá para nada el contenido extra (valor añadido) sin esa clave y por tanto el pirateo perderá interés.
Con los comics pasará algo similar. Las ediciones digitales deberán incluir estas opciones, u otras, que estarán disponibles para el lector al comprar el cómic electrónico. Seguiremos teniendo el placer de ir a nuestra librería de comics, aspirar ese olor a celulosa y tinta, y palpar con los dedos esos ejemplares que un rato después incorporaremos a nuestras estanterías. Pero también dispondremos de la opción de entrar realmente en los mundos que cada autor ha diseñado para sus comics y conoceremos detalles que de otra forma jamás hubiéramos conocido.
El cómic digital no solo abrirá las fronteras de la imaginación sino que nos permitirá además, pulsando un botón, cosas tan diferentes como conocer los avances de Julio César en la Guerra de las Galias (Asterix); o como se localiza un pecio y se extrae un tesoro del fondo del mar (Tintín); o como vivían los mosqueteros del siglo XVII en Francia (Belladone); o como se comunicaban los Sioux con los Cheyennes (Teniente Blueberry); o de qué se compone la tela de araña (Spiderman); o como es la vida en una residencia de la tercera edad (Arrugas); o donde está la tienda de disfraces más cercana a nuestro domicilio (Mortadelo y Filemón); o saber cuando y donde firmarán los autores próximamente.
El mundo del cómic digital (o del libro digital) el autor cobrará más protagonismo y dispondrá de más herramientas que lo vincularán directamente con el lector. El papel de la editorial puede ser también más importante como creador o catalizador de contenidos. Todos tienen mucho que ganar trabajando en la misma dirección.
En otro post que escribiré más adelante hablaré sobre los cambios estructurales que serán necesarios para soportar esta adaptación a nivel editorial así como las herramientas de las que disponen los autores para canalizar esa creatividad sin depender de la editorial (si ese es su deseo). Estoy convencido que en tiempos como los que corren lo más importante es ser creativo y, hoy por hoy, eso es precisamente de lo que están adoleciendo la mayoría de las editoriales, agarradas a su sillón de toda la vida y cerrando los ojos a un mundo que se abre inexorablemente ante nosotros.
...y que debemos saber aprovechar.
Publicado por Toté 20:41 2 comentarios
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De la pasión por el cómic a la dictadura del trabajo
Mi primera reacción fue la de soltar una tremenda carcajada la cual hizo que las treinta personas que había en aquella sala se volvieran hacia mí esperando que les relatase de nuevo el chiste a todos ellos.
Tras unos segundos de suspense, me volví hacia mi sobrino y me propuse explicarle lo que significa realmente ser un dibujante de comics y, lo que era aún más interesante, hacerle un esquema claro y conciso de lo que significa la expresión “llegar a ser millonario”. Estaba claro que su cabeza estaba todavía más cerca de los cuentos de Disney que de la cruda realidad.Y en verdad se trata de un tema interesante que va mucho más allá de una reflexión sobre la profesión de dibujante sino que es aplicable a cualquier otra pasión que podamos tener por una dedicación concreta.
Cuando comienzas a dibujar y descubres que eso es lo que te gustaría hacer el resto de tu vida suele ser a una edad temprana. Los primeros comics que caen en nuestras manos suelen ser los habituales de la pubertad y la adolescencia, es decir, Mortadelo y Filemón, Asterix, Tintín y los americanos de toda la vida (Superman, Spiderman, Los Cuatro fantásticos, Batman y un larguísimo etcétera). En esa tierna edad que muchos añoran solemos estar dedicados a sacar nuestros estudios adelante y el dibujo forma parte de nuestro ocio. Encontramos ratos, por pequeños que sean, en los que nos agarramos a lápiz con sarna hasta gastarle la punta. Pero no aspiramos a más. No pretendemos en ese momento más que dibujar con la sana e inconfesable aspiración, a veces, de presumir ante las niñas de nuestra clase o incluso a que nuestros padres digan esa frase tan manida de... “¡mira que bien pinta mi niño!”.
En la juventud, una vez pasados los dieciséis años, empiezan a aparecer anhelos de grandeza y es el momento en el que muchos empiezan a plantearse la participación en concursos de la más diversa índole (carteles, cómic, ilustración, felicitaciones navideñas, etc.). El problema se agrava en el preciso momento en el que tenemos la suerte (según se mire) de ganar algún concurso. Ese día nos sobreviene un inmenso subidón de autoestima y nos planteamos seriamente, por primera vez, que se puede ganar dinero con esto del cómic.
A partir de esas edades es cuando los que realmente nos gusta esto del dibujo nos presentamos a todos los concursos de los que tenemos noticias y tratamos de asistir a cuantas reuniones, congresos o exposiciones sobre cómic se celebran en cualquier rincón de la geografía nacional (algunos incluso más lejos). No cabe duda, nos decimos a nosotros mismos, me voy a dedicar profesionalmente al dibujo.
Esta última frase dicha en voz baja no suele provocar más reacción que la de matricularnos en la escuela o facultad de Bellas Artes (o similar) a fin de estudiar, aprender, practicar y prepararnos para una vida dedicada al dibujo.
Las diferentes fases de la vida que hemos relatado hasta ahora suelen estirarse hasta los veintipocos años, más o menos. En todo ese periodo lo más normal es que nuestras necesidades vitales estén cubiertas por los progenitores, esto es, no tenemos que buscarnos un empleo para poder dormir, comer o mantener una familia. Esto significa que no tiene relevancia que un día (o una semana, o un mes entero) te levantes y no tengas ganas de dibujar. O simplemente no estés inspirado. Ya llegará el momento en que te apetezca hacerlo de nuevo por que sigues amando el dibujo y sabes que siempre estará ahí cuando lo necesites para dar rienda suelta a tu creatividad... en el momento que sea.
Cuando, pasados los años, has conseguido tu meta, la de dibujar profesionalmente, las cosas cambian radicalmente. Sumido en esa nueva situación, necesitas dibujar para dormir, para comer y para mantener una familia. Es en ese momento cuando no te puedes permitir el lujo de estar supeditado a tus ganas de dibujar o no. Simple y llanamente, tienes que hacerlo.
El problema es que la inspiración es un hada que aparece y desaparece a su antojo. No está ahí, como Campanilla para Peter Pan, cuando la llamas sino que viene o se va sin previo aviso. Pero tú, sin embargo, debes cumplir por que te pagan para ello. Ese es el momento más duro, cuando debes dibujar por obligación y no por pasión. Puedes llegar a odiar el lápiz, el papel y el dibujo en toda su dimensión. Te hallas sumido en la dictadura del trabajo, donde las hadas no suelen penetrar y donde los colores se vuelven más pálidos. Puede llegar a ser muy frustrante.
Hay editores que conocen la importancia de las hadas y otros que solo dan relevancia a las cuentas de resultados. Los primeros son los que nos permiten sacar lo mejor de nosotros mismos y nos crean el ambiente adecuado para seguir dibujando con pasión, como cuando éramos adolescentes. Los otros son los que te hacen odiar tu profesión.
Todos, absolutamente todos los dibujantes con los que he hablado de este tema me reconocen que alguna vez en la vida han llegado a sentir esa situación de angustia ante las exigencias de los plazos de entrega o la necesidad de cambiar páginas enteras por indicación expresa del editor. Eso se acentúa, todavía más, cuando se trata de dibujantes que no desarrollan sus propias creaciones sino que deben dibujar los personajes de terceros simplemente por que son los que dan dinero a la editorial para la que trabajamos y son los que nos permiten llevar un sueldo a casa a fin de mes. Este último caso se produce sobre todo en los que dibujan para las editoriales americanas o japonesas de cómic y manga, respectivamente.
El dibujante profesional añora muchas veces cuando el dibujo era su hobby y no su obligación y es por ello que siempre debemos hacer un esfuerzo para que esa sensación perdure a lo largo de nuestra vida. Es la mejor forma de conseguir que las hadas no se vayan de nuestro lado.
Volviendo a mi sobrino y su dichosa pregunta, y al ver que tras semejante reflexión me puso cara de pocos amigos le dije que esto no solo ocurre con el dibujo. Esto pasa con todo. Geólogos, informáticos, médicos, farmacéuticos, abogados, mecánicos, deportistas o pianistas... todos ellos han experimentado alguna vez en la vida esa sensación de opresión, de dictadura, cuando el hobby se ha convertido en obligación. Por que para todas y cada una de las cosas que hacemos en la vida es importante tener a nuestro lado un hada. Y si son varias, mejor.
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Frikicultura y juventud
En esas mencionadas cinco convocatorias no puede presentarse nadie que tenga más de 35 años, lo cual lleva aparejado que me estén llamando viejo, siendo tan solo un cuarentón (con corazón de niño pero cuarentón a fin de cuentas).
Por otro lado, en tres de ellos, el concurso se enmarca en sendas semanas o certámentes de cosplay, maquetas, videojuegos, tatoos, goticismo y alguna que otra cosa más. Con todos mis respetos hacia los colectivos mencionados, creo que los dibujantes de comics, e incluso los que son aficionados a los mismos, no se les debe prejuzgar atribuyéndoles adjetivos que no les pertenecen. No me cabe duda de que los certámenes luchan arduamente por sobrevivir económicamente y que dicha variedad de contenidos se lo facilita, pero creo sinceramente que deben encontrar otras vías que no insulten a la inteligencia de los artistas, cuando los haya.Es necesario que se profesionalicen estos temas, que se respete a los autores y que se asuma que los comics son cultura, no “friki-cultura”.
Respecto a lo de la juventud, es posible que en las delegaciones de CULTURA no se les atribuya a los comics tal consideración, lo cual no deja de ser una falta de “idem”. Quizás sea por eso que las delegaciones de juventud vean un nicho para generar actividades y recibir subvenciones. Pero hay muchos creadores que no necesariamente empiezan a dibujar a los dieciséis años y que aspiran a ser admitidos en los concursos, aunque solo sea por el placer de participar y plantearse retos de mejora personal. Eso, por otro lado, ofrecería una mayor diversidad de contenidos y percepciones a los admiradores de este arte.
En mi página de Facebook no pude resistirme a publicar la pasada semana una reseña sobre la forma en la que voy a tener que presentarme en el futuro a los certámenes de comics: vestido de colegial (ver imagen adjunta, que algún día será realidad). Prometeré por Snoopy a quien me lo pregunte que tengo tan solo veinte añitos, incluso menos. No sé si colará o, por el contrario, me echarán a patadas, pero por lo menos servirá para reivindicar algo que considero justo.
Publicado por Toté 12:36 2 comentarios
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Un cómic llevado al cine, o un cómic de cine
Hace tiempo que quería hablar sobre los recientes premios del cine de Hollywood, esto es, los “Accademy Awards”, más conocidos como “Oscars” ya que, sin que apenas alguien lo haya percibido, resulta que este año le han dado uno de estos premios a un cómic, lo cual es digno de mención.No soy un experto en cine, aunque me gusta ver películas y disfrutar sus detalles. En esta edición de los Oscar se puede decir que lo más relevante para el público en general ha sido que la película “Avatar” ha perdido ...y poco más. Personalmente pienso que la película de James Cameron puede adolecer de un buen guión o de la originalidad que debería ser exigida a una película de tan alto presupuesto, pero de lo que no me cabe la menor duda es que se trata de un peliculón si como tal entendemos a una historia contada de forma espectacular y manteniendo al espectador maravillado con cada uno de los fotogramas del filme. En efecto, me gustó mucho Avatar.
Pero no es esa la película de la que quiero hablar sino de esa pequeña joya llamada “Up” que ha salido de la factoría Pixar. “Up” no es tampoco una película extraordinaria. Incluso a ratos puede llegar a aburrir. Pero contiene una secuencia de apenas algo más de cinco minutos que vale por toda la historia del cine.
Dicha secuencia relata la vida de un matrimonio desde su boda hasta el momento en que él se queda solo. No hay diálogos. Solo imagen y música. Es un cómic llevado a la pantalla de forma magistral. Pagaría varias veces la entrada al cine para ver tan solo esa secuencia repetida una y otra vez (afortunadamente ya tengo el DVD que, por tanto, he rentabilizado rápidamente).
¿Qué es un cómic? Precisamente esa secuencia responde a la pregunta. Una historia bien contada en la que muchos detalles hacen un todo y donde el dibujo, con independencia de la tecnología con la que se haya hecho, está al servicio de un buen guión. Cada fotograma podría separarse del siguiente y ser plasmados todos ellos en un cuaderno para ser editado y ser vendido en librerías.
El resto de la película me sobra. Tan solo esa secuencia justifica que le hayan dado un Oscar a un cómic. Y de corazón desearía que no fuera el último pues en esto del cine la imaginación hace tiempo que dejó lugar al chiste fácil, a la chabacanería y a la mediocridad. No me cabe duda de que un cómic, la mencionada secuencia de “Up”, ha llevado al cine hasta lo más alto.
Con el permiso de todos ustedes y de sus respectivas opiniones, por supuesto.
Publicado por Toté 21:34 0 comentarios
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Éxito, comics e Internet
En el mundo editorial, y en concreto en el contexto del cómic, todavía hay muchos autores y aficionados con los que hablo en alguna ocasión que ven en este fenómeno más a una amenaza que a un aliado. Sea un como fuere, el caso es que no podemos darle la espalda a una tecnología que ya lo ha cambiado todo. No se trata de ser un devoto de la tecnología, ni tan siquiera un aficionado a Internet, tan solo hay que abrir los ojos y ver como Internet está presente en la mayoría de las cosas más cotidianas, aunque no lo veamos.
Es por ello que mi consejo siempre es el mismo: hazte un aliado de la corriente y no trates de nadar contra ella. En el contexto que nos ocupa, el de los comics, me gustaría analizar en voz alta la forma en que se puede sacar partido de esta situación.Quiero proponeros siete ideas a fin de orientar a quienes estén un poco perdidos y abrir el apetito para futuros posts en los que profundizaremos sobre algunas de estas cosas.
Primera idea: Identifica tu singularidad.
Es importante que sepas identificar aquellas características que te hacen único como autor. Puede ser una forma especial de pintar, un tipo de personaje atractivo, guiones muy trabajados o un trazo elegante. Seguro que ya tienes una idea sobre aquello que te diferencia de otros autores. Y lo primero que tienes que tener claro es que si los demás no conocen tu trabajo, es difícil que lo valoren. Internet es una herramienta que te permite darte a conocer por un coste ridículo, y dependiendo tan solo de ti mismo. Pero primero debe s averiguar aquello que te hace diferente para potenciarlo y que los demás podamos percibirlo. Eso es lo que te dará valor: tu singularidad. Y seguro que la tienes.
Segunda idea: Sé consciente de que si no estás, no existes.
Es una frase que ya se escuchaba en el año 1995 y la gente se reía diciendo esa frase de... “¡Este nos quiere vender algo!”. Pero es cierto. Plantéate que hoy en día todo aquel que precisa saber de alguna cosa lo primero que hace es irse al ordenador y buscarlo en Internet. Tú también lo haces. Entonces, no debes dudarlo, si te buscaras a ti mismo en Internet ¿te encontrarías?. Y, ¿qué encontrarías sobre ti?.
Tercera idea: Identifica las herramientas.
Internet es un mundo en sí mismo, pero se trata tan solo del vehículo sobre el que trabajan muchas herramientas diferentes. Tu labor debe ser averiguar aquellas que te son más útiles para darte a conocer, vender tus trabajos e incluso vivir de esto del cómic (cosa a la que muchos aspiran, por cierto, y pocos consiguen). El caso es que, para empezar, debes tener un correo electrónico con el que localizarte, esto es imprescindible. Disponer de una página web donde mostrar tus trabajos es muy aconsejable, así como tener un blog personal donde escribir las idioteces que se te pasan por la cabeza, como yo hago, por ejemplo. Y, lo más importante, saber como promocionar todo eso mediante el uso adecuado de las redes sociales, aspecto este, del que hablaremos a continuación.
Cuarta idea: Saca partido a las redes sociales.
Hace unas semanas tuve ocasión de volver a ver una película magnífica que es “Hacia rutas salvajes” (Into the wild) donde se relataba una historia real sobre un muchacho que se fue a Alaska en solitario para ser feliz según sus sueños de libertad. Su conclusión fue que “la felicidad plena no se alcanza si no puedes compartirla”. Lo mismo ocurre con el trabajo que puede suponerte la presencia en Internet. Un cómic publicado que nadie conoce, que nadie comparte, morirá solo. Las enormes posibilidades que nos brindan las redes sociales para difundir nuestros trabajos son poco utilizadas y estoy convencido de que son actualmente herramientas poderosas de comunicación que van a más. Un próximo post lo dedicaré a este tema ya que me preguntan frecuentemente sobre como sacarles partido. Os asombraréis.
Quinta idea: Márcate un objetivo claro y trabájalo.
Esta idea es una “perogrullada”, pero no es menos cierto que hay que trabajar con objetivos concretos. No vale eso de decir: “ya estoy en Internet, así que voy a verlas venir”. No, hay que marcarse varios escalones para ir subiéndolos poco a poco. Es igual que cuando dibujáis un cómic. El primer paso es disponer de un guión pulido y brillante (lo cual puede suponer semanas de trabajo). A continuación, hay pasos como el boceto, el entintado, el coloreado, los efectos finales y la edición. Desde el punto de vista comercial o lucrativo, el objetivo puede ser editar un cómic en papel, conseguir x miles de visitantes a vuestra web, o conseguir vuestro primer millón de euros (supongo que este último puede parecer complicado, pero la lotería es más esquiva, seguro).
Sexta idea: No solo es necesario conocer las herramientas sino saber usarlas.
Alguna vez me han llamado para dar charlas específicas sobre alguna herramienta de dibujo y un aspecto sobre el que insisto permanentemente es que la creatividad de un autor, su tesoro más preciado, no es nada si no sabe plasmarla en algo concreto. Las herramientas de dibujo, tanto las convencionales como las digitales, tienen muchos secretos que tan solo la experiencia nos llegará a mostrar. De igual forma, las herramientas que Internet pone a nuestra disposición es necesario que las aprendamos para sacarles todo el partido necesario para conseguir la meta que nos hayamos propuesto. Dedicadle todo el tiempo que haga falta a conocer las posibilidades de Internet y el éxito estará más cerca.
Séptima idea: Lo importante no es llegar sino mantenerse.
En ocasiones puede llegar a parecer fácil llegar a tener ciertas cotas de éxito en Internet (web, blog, redes sociales, etc.) y, de hecho, puede llegar a serlo. Un amigo mío presumía hace poco de haber llegado a tener un Page-Rank de 4 con su página web (un parámetro que por sí solo no promete casi nada, por cierto), pero se conformó con eso y rápidamente bajó dos puntos. Lo que quiero decir con esto es que si de verdad pretendemos tener éxito utilizando las herramientas de Internet, hay que trabajar diariamente en ello. Es importante plantearse un trabajo constante para conseguir a medio plazo resultados más estables.
En definitiva, Internet es un mundo tecnológico en el que todos tenemos cabida y en el que es factible encontrar la vía adecuada para tener éxito como artista. De todas formas, si te conformas tan solo con entrar un buscador para saber cuales son los concursos de cómic que están a tu alcance...pues ya te habrá servido para algo.
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El sexo de los juguetes y de los comics
Hace unos días estaba enfrascado en la siempre gratificante labor de buscar comics para regalar a familiares y amigos en una conocida tienda de Málaga. Como ya he comentado en más de una ocasión: Si puedes regalar un cómic, ¿para qué vas a regalar otra cosa?. Además, eso me permite hacer un repaso detenido a cuanto se está publicando a la vez que disfruto con cada una de las viñetas que voy repasando. Hay veces que paso tanto tiempo en las librerías y tiendas de comics que incluso me invitan amablemente a instalar allí mismo una tienda de campaña, cosa que todavía no he hecho pero que no descarto para un futuro próximo.
El caso es que en esta ocasión se me acercó un dependiente el cual me preguntó con la mejor de sus sonrisas si podía ayudarme en algo. Yo, que suelo ser muy huraño en eso de "ir a mi aire" en las tiendas, en esta ocasión accedí y le pedí que me orientara sobre las últimas novedades editoriales ya que tenía intención de adquirir varios comics para regalar.
A continuación me preguntó si los destinatarios de tales regalos eran niños o niñas. Tras una respuesta evasiva por mi parte este sujeto optó por tocarme las narices ya que comenzó a explicarme una serie de tonterías que ya había oído anteriormente a algún político o algunos tertulianos de televisión o radio. Pues bien, me dijo que debía hacer un esfuerzo por equilibrar el contenido de los comics para que el 50% del mismo fuera de orientación masculina y el resto de orientación femenina ya que hay que buscar el crecimiento mental equilibrado de los niños.
Para, para, para y párate ahí muchacho. Deduje que este tipo había estudiado la carrera de psicología, o similar, y finalmente había encontrado trabajo en la librería.
Pero no, no se trataba de una frustración de este individuo sino de toda una campaña de idiocia que estoy viendo desde hace tiempo en casi todos los sitios y muy especialmente cuando llegan las fiestas navideñas y hay algunos "sabios" que aconsejan sobre el tipo de juguetes que deben tener los niños.
Según se ha puesto de moda, parece ser que a los niños no se les puede regalar juguetes sexistas y que, en tal caso, se deben orientar en un 50% hacia cada lado. Esto significa que a mi hija habría de regalarle un cómic de las "Witch", una muñeca de "Famosa"y una caja de indios y vaqueros con su correspondiente fuerte "Apache". Por su parte, mi hijo debería recibir como regalo un cómic de "Asterix", un mecano y una muñeca "Barbie" con su correspondiente colección de primavera-.verano, por supuesto. A mi otro hijo, el pequeño, se me ha ocurrido que le podría regalar una cocinita y un delantal a juego con las cortinas de su habitación.
Un anciano sabio al cual conocí hace tiempo y que respondía cuando le llamaba "abuelo" me decía siempre que: "el río siempre va hacia el mar". Esta simple frase se traduce en que mi hija terminaría por poner a los indios apaches a hacer cocinitas mientras que los vaqueros formarían una familia que viviría feliz en la Casa de la Pradera. Por su parte, mi segundo hijo le haría a la muñeca Barbie una capa con un calcetín rojo y se pondría a lanzarla por los aires diciendo que es Superman. Finalmente, mi hijo el pequeño utilizaría la cocinita como garaje y estación de servicio para su colección de coches.
Lo que quiero decir con todo esto es que a pesar de que los mayores podemos decidir en un momento dado que es necesario orientar (o no orientar) a nuestros hijos en un sentido o en otro, finalmente son ellos mismos los que decidirán sobre como y con qué quieren jugar. Ellos tienen la libertad que muchos tratan de quitarles, la de elegir sus juegos. Y esa libertad es la que realmente debemos enseñarles a utilizar sabiamente, no interesadamente.
El problema está en que hay veces (muchas, por desgracia) que ministros, consejeros y políticos en general tienen tan pocos contenidos para desarrollar en su labor diaria que buscan artificialmente leyes y planes de acción que rozan el absurdo, como es este caso. Generalmente son responsables de Educación, de Juventud o de Bienestar Social, pero la idiotez suele ser la misma, la de no regalar juguetes sexistas. Pues sepan todos ustedes que igual que siempre "el río va hacia el mar", los niños siempre terminarán jugando con aquello que les apetezca. Y si tienen que partirle una pierna a la muñeca de Famosa para que se convierta en el pirata Barbanegra, pues lo harán. Y no habrá Ley que lo impida.
Ni que decir tiene que finalmente opté por comprar los comics que me dio la real gana sin hacer caso alguno al amable dependiente. Y os juro que triunfé.
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