El abuelo piensa en las deudas


¡Como ha cambiado la vida! En mi época las deudas no te quitaban la vida. La mayoría de las veces las pagábamos con trueque: un kilo de tomates, una lechuga y una docena de huevos. Si la deuda era grande... hasta la gallina. Pero no moriamos de estres por no saber como salir del atolladero.

Ahora todo es diferente. Ya no te prestan los amigos sino los bancos. ¿Será porque pedimos más que antes?.

El caso es que los bancos ya no quieren siquiera la gallina, a ellos solo les vale el dinerito ganso. Y menuda se lía si no lo devuelves en tiempo y forma.

Para nuestra desgracia, los bancos ahora están a la cabeza de todo. Mueven el dinero, hacen el dinero, acaparan el dinero y gestionan el dinero. Es curioso como en este país (como en muchos otros) los políticos hacen de conserjes de los banqueros, que son los que deciden a fin de cuentas el partido que tiene que gobernar. Tan solo tienen que prestar más o menos pero, sobre todo, hacer que les deban más que menos.

Ya se sabe... la banca siempre gana.

Las cavilaciones del abuelo


Por fin vamos a empezar a publicar en el blog la serie de microcomics sobre "Las cavilaciones del abuelo", que nos va a deleitar con sus sarcásticas e hilarantes opiniones sobre política, crisis económica, corrupción, sociedad y cualquier otra idiotez que le pase por la cabeza.

El abuelo me ha prometido que no va a insultar a nadie pero que va a herir sensibilidades, sobre todo la de aquellos que no tienen la conciencia tranquila y no son capaces de reconocerlo.

El abuelo es una auténtica mosca coxonera.

Vamos a empezar en enero por lo que el abuelo y yo mismo ya tenemos ansia viva de que haya quienes se den por aludidos y que traten de portarse mejor. Y si no lo conseguimos, por lo menos habremos pasado un buen rato.

El abuelo, además de sarcástico, sabe idiomas y es por ello que lleva un año y medio dando vueltas por la revista SURPRISE MAGAZINE aunque, como todos sabemos, el humor americano es diferente al nuestro por lo que ha estado sometido en las últimas semanas a una intensa terapia de grupo.

Tened cuidado con el abuelo. Sabe más de lo que parece.

Cuaderno de viaje: Burgos


Hace unas semanas, aprovechando el día de Todos los Santos, hice una escapada con la familia a Burgos y a los yacimientos de Atapuerca. Cada vez que viajo me sorprendo de cuantas cosas me quedan aún por descubrir en nuestro espeso país. 

En un rato de descanso (cosa rara en estos viajes-relámpago) tuve tiempo de tomar unas notas en mi habitual cuaderno de dibujo sobre el Arco (o Puerta) de Santa maría, que da acceso a la plaza de la catedral de Burgos. El arco es bonito, pero lo que más me llamó la atención es la magnitud que tomaba al compararlo con el tamaño de las personas que pasaban a su lado. Todo en la vida, absolutamente todo, requiere tener una escala con la que medirlo ya que de lo contrario carecería de valor ...o le daríamos demasiado.


Ilusión frente a impotencia

Hay días en que uno se siente feliz porque tiene la oportunidad de sentirse parte de algo importante. Para mí lo son mi familia, mi gente, mi país... Es por ello que cuando llega la hora de ejercer la democracia votando por mejorar este pedacito de terreno que políticamente nos pertenece me siento feliz de ser parte de esa movida y, de alguna manera, decidir con mi voto qué es lo que se va a hacer en los próximos años.

Después llega la cura de humildad cuando me doy cuenta de que mi voto no ha provocado el esperado vuelco electoral y además constato de que quien manda en este bendito país ya no vive aquí sino que dicta las órdenes desde lejos, amparado por una amplia mesa de nogal y rodeado de ordenadores y becarios que especulan con mi sueldo, mi hipoteca y mi coche.

En esta ocasión voy a votar con menos ilusión que otras veces ya que mi voto no va a echar de su sitio a especuladores, banqueros y grandes manipuladores que son, además, tan listos tan listos que nunca se presentan a unas elecciones como estas. Ya hay quien se presenta creyendo que puede cambiar algo.

Permitidme, no obstante, mantener la ilusión por que todo esto cambie algún día.

Cuaderno de viaje: El valle de Echo


Son muchos los atractivos naturales y humanos en el Valle de Echo (Huesca), pero lo más original son las chimeneas. Son como enanitos fumadores con gorro.

Buscadme en el monte

Muchas veces he comentado a quien me ha querido escuchar que si algún día me pierdo, que me busquen en lo alto del monte. ¿De cual? No lo sé, pero allá arriba las cosas se ven de otra manera. Estás tú y la naturaleza. Nada más.

Aquí abajo, en eso que llaman civilización, todo está torcido. El problema no está en que haya una crisis, que tiene que haberlas de vez en cuando, sino que ya estamos perdiendo incluso la ilusión ante un panorama que se desmorona ante nuestros ojos y la incapacidad de quienes nos gobiernan a todos los niveles.

Se nos pide a los ciudadanos que hagamos un esfuerzo, que seamos solidarios, pero permanentemente vemos como los políticos derrochan, como las grandes empresas especulan y como los bancos siempre ganan. Yo no tendría problema en cobrar menos si con eso puedo ayudar a personas de mi alrededor. Pero me niego a hacerlo ya que esos mismos políticos que me piden solidaridad (tanto los de derechas como los de izquierdas) después derrochan el dinero que no es suyo debido a la incompetencia de algunos, los intereses de otros, la absurda duplicidad de competencias y a la necesidad de un rédito electoral que no tiene nada que ver con las necesidades del ciudadano currante.

La gran empresa, por ejemplo, mira para otro lado mientras echa a la calle a doscientas personas, entre ellos un hermano, un cuñado o un vecino de cualquiera de nosotros. Con el dinero que dejan de invertir (que no gastar) en esos trabajadores especulan en los mercados con para obtener beneficios de la situación de penuria económica de otras empresas más pequeñas.

Y los bancos... ¡Ah, los bancos!. El gobierno les inyecta dinero para "salvar el sistema financiero" y después pregonan a los cuatro vientos que han conseguido un beneficio anual de un porcentaje indecente. A la vez, y esto de tapadillo, se reparten suculentos dividendos entre los miembros del consejo de administración. Sin embargo, sigo sin poder pedir o renegociar una préstamo que me permita salir adelante.

Veo cada día los coches oficiales con chofer que campan por las calles; veo como se celebran fiestas y festivales a cargo de los ciudadanos o como se organizan seminarios y cursos absurdos para ser mejores en competencias incompetentes.

Me gustaría poder votar a algún político que tenga agallas para sacarnos adelante, pero la democracia en nuestro país carece de personas que tengan reaños. Al menos no los conozco. Todos obedecen al dictado de sus partidos y, por tanto, a la necesidad de obtener votos cada poco tiempo.

Quiero un político sin miedos ni hipotecas ideológicas que diga ¡BASTA!.

Por citar un par de ejemplos básicos: Todos saben que el problema sanitario se solucionaría con el copago, pero "es impopular". Todos son coscientes de que existe duplicidad de prestación de servicios entre administraciones, pero cada vez se organizan más y más cosas innecesarias. Todos saben igualmente que es necesario meter mano en los beneficios impúdicos de la banca y corporaciones financieras. Todos saben mucho... pero no hacen nada.

Mientras tanto debemos permanecer aquí, en las tierras bajas, esperando la siguiente medida económica que a buen seguro afectará a nuestros bolsillos, el de los que tenemos nómina y el de aquellos que, por desgracia ya ni siquiera la tienen. También afectará, y de qué manera, al autónomo que ha invertido su vida y la de su familia en sacar un negocio adelante y no le quedará más que llorar ante el candado definitivamente cerrado de su ilusión.

Buscadme ese político con agallas. Me da igual cual sea su ideología. Lo necesitamos todos.

Y a mí buscadme en el monte. Seguro que estaré por allí.

¡No conoces Aínsa!

Un maravilloso rincón del Pirineo donde el tiempo transcurre de otra manera. 

 

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