lunes, 17 de noviembre de 2008

Expocomic, el salón del cómic de Madrid

.
Bueno, parece que al fin llegó. Ya tenemos aquí Expocomic, que se celebra en su undécima edición y que se ha convertido en una de las principales referencias de este sector en nuestro país. En esta edición se celebrará entre los días 27 y 30 de noviembre en el pabellón de convenciones de la Casa de campo de Madrid.

Según han anunciado en su web (www.expocomic.com) tendremos la posibilidad de compartir papeles con los autores Howard Chaykin, Martín Sauri, Carlos Pacheco, Ramón Bachs, Juan José Ryp, Carlos Ezquerra, David Baldeón, Cris Ortega y muchos otros. Por otro lado, habrá exposiciones de Miriam Katin, The Spirit, Kenny Ruiz, Howard Chaykin y El hijo del Santo.

En la parte negativa, lo de siempre, se mezclan churras con meninas y nos obsequian con un concurso de Karaoke y otro de Cosplay. ¿Es que no somos capaces de centrarnos solamente en los comics?¿Acaso no hay afición suficiente como para tener una magnífica exposición sin recurrir a artificios?.

En cualquier caso, y tal y como están los tiempos, enhorabuena a un certamen que repite un año más y apuesta por este mundo tan apasionante y apasionado como el del cómic.
.

sábado, 15 de noviembre de 2008

¿La guerra del petroleo o la guerra del agua?

.
Esta reflexión sobre el petroleo y el agua tiene poco sentido del humor ya que versa sobre guerras. Pero, aunque hablaré de ellas, no se trata de un conflicto armado entre personas sino de una dura batalla por la supervivencia. La del hombre. Y a pesar de lo que llevamos padecido, y aunque parezca mentira, casi nadie es capaz de darse cuenta todavía de que realmente se trata de una guerra.
Todas las guerras tienen un motivo el cual a veces es conocido por todos mientras que en otras ocasiones nadie lo conoce salvo los que la emprenden de una forma muy poco civilizada. Incluso voy más lejos, hay guerras que comienzan simplemente porque a una de las partes le interesa dar caña, pero el otro contendiente mientras tanto se pregunta constantemente aquellos de... ¿y yo que he hecho?.

La mayoría de las guerras de esta, nuestra generación, tienen como telón del fondo el petróleo. Abierta o veladamente ese "oro negro" es el motivo por el que los países llamados industrializados luchan o hacen que otros luchen a fin de garantizar un adecuado suministro del preciado elemento, y a un adecuado precio, para los próximos años. Y esto es así puesto que de todos es sabido que el petróleo se agotará en unos años. Hay quienes dicen que tardará unos veinte años en agotarse y otros que sesenta años. El caso es que todos coinciden en que se acabará. Vamos, que no habrá ni para llenar un mechero.

Lo que pocos saben es que el petróleo no solo es vital para que los coches se muevan o para que funcionen ciertas industrias sino que es un elemento cotidiano en nuestras vidas con el que convivimos de forma desesperada. El petroleo, además de ser la principal fuente de energía, sirve para hacer neumáticos, plásticos, asfaltos, detergentes, pinturas, nylon, abonos, cremas para las manos, champú, medicinas, insecticidas, etc. En otras palabras, nos hemos acostumbrado a vivir con el petróleo a todas las horas del día.

¿Y qué pasaría si se acabara mañana mismo?. Lo primero es que muchos se llevarían las manos a la cabeza, empezando por los gobiernos, que dejarían de ingresar cuantiosas fortunas en impuestos indirectos y otros muchos empezarían a reaccionar. Los automóviles deberían desarrollar otros motores con diferentes tipos de combustibles, nos vestiríamos con algodón o seda natural en vez de con fibras sintéticas, los juguetes se harían con otros materiales en vez de con plásticos y las pinturas se harían con tintes naturales, por pner unos cuantos ejemplos. En definitiva, nos costaría un poco pero todos saldríamos delante de una forma u otra. Podríamos seguir adelante.

Sin embargo, toda la dependencia que tenemos actualmente del petroleo también la tenemos, incluso más dramaticamente, de algo que no es posible sustituir: el agua.
Imaginemos, pero solo imaginemos, que mañana mismo desapareciese el agua. Algún listillo, que los hay, diría después de un largo proceso de pensamiento consigo mismo que se podría sustituir por vino o por jugo de pomelo; pero la verdad es que se trata de un elemento vital para que el hombre desarrolle su vida en todos los sentidos. En efecto, el gran problema que padecemos actualmente es la ceguera que padecemos sobre el gran problema con el que nos encontraremos en unos pocos años cuando la población no tenga agua suficiente para disfrutar de una vida saludable.

El caso es que el cambio climático es un hecho, no me cabe la menor duda: cada vez llueve menos pero más violentamente; cada vez tenemos temperaturas más extremas y las estaciones sufren de un insistente empeño en cambiar de fechas en el calendario, los inviernos parEcen primaveras y estas últimas parecen otoños tirando a inviernos. Por otro lado, las poblaciones se incrementan y se agolpan en pequeños espacios llamados ciudades y, para colmo, la autodenominada sociedad "acomodada" exige un consumo de agua cada vez mayor. Es lo que podríamos denominar como el "crecimiento insostenible".

El problema no solo está en los usuarios, que no somos capaces de ahorrar agua ni de utilizarla de forma responsable siendo conscientes de su justo valor. El caso es que personalmente estoy convencido de pagar un precio de risa por el agua. Creo sinceramente que habría que pagar por el agua el triple de lo que pagamos actualmente. Cuando discutimos sobre esto, muchas veces le planteo a mis amigos una simple pregunta: ¿Cuanto estarían dispuestos a pagar por una botella de agua limpia y cristalina el día en que habran el grifo de su casa y no salga ni una gota? La respuesta es siempre la misma: "lo que sea".

Y usted, amigo mío ¿cuanto estaría dispuesto a pagar?
.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Málaga y los comics

.
Ya he escrito bastante sobre comics y otras lindezas en este humilde blog pero me he dado cuenta de que todavía no he tenido el placer de escribir sobre el lugar donde vivo, Málaga, y su relación con el mundo de los comics. Como resulta que eso es algo que tiene remedio, voy a ponérselo de inmediato con el permiso de todos ustedes.

Málaga es una gran ciudad, al menos eso es lo que nos dicen diariamente los que gobiernan esta parte del mundo, y en la práctica se encuentra entre las siete ciudades más importantes (socioeconómicamente hablando) de nuestro país, que a pesar de algunos, todavía sigue siendo España. La provincia de Málaga, sin embargo, es más importante si cabe que la propia ciudad ya que tener un tesoro como la Costa del Sol, nuestra Axarquía o las tierras del interior con magníficos pueblos blancos y maravillas como Antequera o Ronda no es algo de lo que otros puedan presumir.

Ser una gran ciudad (o una gran provincia) significa, para empezar, mucha población. Muchas almas. Muchas inquietudes. Muchas historias personales y colectivas.

Después vienen los datos. Población, economía, empresas, sectores emergentes, tecnología, actuaciones sociales, cultura, educación, innovación o urbanismo son conceptos que habitualmente acompañan a la definición de una gran ciudad.

Casi siempre existen, además, tres magnitudes diferentes para definir a una ciudad. De un lado la magnitud real que no es otra que la medida objetiva de los datos que hemos dicho antes (y muchos otros) en comparación con los de otras ciudades. Otra magnitud es la de los políticos (Oh cielos! Ya están aquí!), que según sean los que gobiernan o los que se oponen, pueden ubicarnos en el cielo o en el infierno al mismo tiempo. La magnitud de los políticos es la menos creíble, por cierto.

Finalmente está la magnitud con la que cada uno de los ciudadanos valoramos a nuestra propia ciudad. En general se trata de una valoración alta, muy alta (el chauvinismo es una práctica extendida) ya que nuestra propia autoestima depende en gran medida del valor de las cosas que nos rodean habitualmente. De todas formas, es habitual que critiquemos todo lo que nos rodea, empezando por los vecinos de nuestra comunidad (este, además, es un mal endémico de nuestra sociedad).

Dicho esto, me gustaría hablar de Málaga desde el punto de vista de los comics, contexto este en el que creo que si bien se nos puede posicionar como una "gran ciudad", hemos de reconocer que queda mucho camino por andar.

La materia prima es excelente ya que podemos presumir de que en nuestra provincia tenemos muchos y muy buenos dibujantes, tanto de comics como de viñetas e ilustración. Algunos de ellos son ya una referencia a nivel nacional. La masa crítica de lectores también es alta, y en los foros encontramos habitualmente a muchos malagueños con un conocimiento amplio y profundo de este mundo.

En el conjunto de la provincia de Málaga tenemos también la oportunidad de disfrutar de un buen número de certámenes sobre comics entre los que destacan por méritos propios los que se celebran en la propia capital (Imaginamalaga), Vélez Málaga, Benalmádena (anteriormente celebrado en Pizarra) y otros. En general gozan todos ellos de buena salud si bien, y a diferencia de los certámenes celebrados en otras ciudades españolas, tienden a ser aglomerados de "culturas alternativas" más que salones de cómic propiamente dichos. No obstante, todos ellos nos brindan una buena oportunidad de acercarnos a este apasionante mundo del dibujo.

Por otro lado hemos de considerar el día a día. Aquella tarde en la que decidimos localizar y comprar un determinado cómic que nos gusta o el momento ese en que nos hundimos entre los millones de páginas de cualquiera de las tiendas que tenemos simplemente a ojear.

En este sentido sí podemos presumir de tener una buena cantidad de tiendas especializadas (prefiero dejar de lado a las grandes superficies donde no hay ni cultura ni conocimiento sobre la materia sino negocio). Es agradable ver como en la mayoría de estas tiendas especializadas habitualmente hay bastante gente lo cual nos indica que el cómic goza de buena salud y expectativas.

Cuando hablo con otros colegas dibujantes o con aficionados a esto del cómic lo que sí se echa en falta es una cultura política de apoyo a este sector. Ya dije antes que los políticos pueden darnos el cielo o el infierno en función de los votos que consigan a cambio, pero puedo asegurar que en el caso de Málaga no deben tener claros los números ya que en caso contrario apostarían más por este sector de lo que lo hacen actualmente. Eso sí, una excepción que hay que mencionar es la relativa a la Diputación de Málaga, que habitualmente ha ayudado tanto a la organización de algunos certámenes como a publicaciones diversas.

Finalmente, con ánimo de no cansar más que lo justo, me gustaría reflexionar sobre algo en lo que he insistido en más de una ocasión. En Málaga, como en el resto de España, se asocia impúdicamente la imagen del cómic a los jóvenes, pero reivindico que este es un mundo también de los mayores (yo ya casi me considero talludito). Me gustaría que el cómic dejara de ser la "hermana pequeñita" de la cual solo se encargan las concejalías o delegaciones de Juventud. Creo que ya es hora de que sean los departamentos culturales los que se encarguen de esto.

¿O acaso los comics no son cultura?.
.