martes, 9 de diciembre de 2008

Regala un cómic en Navidad

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Pues sí, creo que es una buena idea. Yo ya predico con el ejemplo y no hay familiar o amigo (de los buenos, claro) que no reciba un cómic esta Navidad cuando llegue el celebrado momento (Reyes Magos, Papa Noel, Olentzero o el tío Gobías, según el caso). Sinceramente creo que con un buen cómic se satisfacen muchas de las necesidades que cualquier cuerpo serrano puede llegar a precisar en una fiesta entrañable como la Navidad.

Para empezar, se fomenta la lectura. ¡Ah, la lectura!, no hay hábito más sano que el de la lectura ya que imperceptiblemente ayuda a corregir expresiones, a conocer la forma correcta de escribir las cosas o, simplemente, nos enriquece el vocabulario. Ahora bien, procurémonos de un cómic en el que se respeten las más mínimas reglas sintácticas y semánticas, e incluso la forma de escribir las cosas, por que de todos es sabido que hay autores que incluso las ideas que se les pasan por la cabeza ya tienen faltas de ortografía.

Otro aliciente de regalar comics es el de arrancar una sonrisa al destinatario de nuestro obsequio. ¡Nada como una sonrisa para alegrar nuestra vida!, es lo que decía mi abuelo cada vez que me lo encontraba. Y tenía razón. Pocos conozco que no agradezcan la risa, aunque sea a ratos, para olvidarse de sinsabores y malos ratos con los que ocasionalmente nos acompaña la vida. Pagamos para ir a ver un teatro cómico, para disfrutar con el circo o para asistir a una comedia, así que, con más motivo, riámonos con un cómic.

Tercer aliciente: Un cómic te hace reflexionar, en la mayoría de los casos, con temas de nuestros días. La sagacidad, la ironía o la creatividad sarcástica de nuestros autores consigue introducir en los comics los temas que nos preocupan del día a día. Las cosas que pasan a nuestro alrededor tienen rápida respuesta en los comics.

Los comics tiene, por otro lado, un sinfín de utilidades menos confesables entre las que destacan la de ser un arma arrojadiza de baja intensidad ante una acalorada discusión; o la de ser un elemento sustitutorio del papel higiénico ante la conocida y frecuente situación del ¡que se ha acabado! o, en fin, también pueden ser un envoltorio improvisado aunque perfecto para unas buenas castañas calentitas.

Lo que quiero decir es que un cómic puede llegar a ser uno de los artículos más útiles de la humanidad y parece que algunos todavía no se han enterado.

Finalmente, no quiero dejar de hacer mención al papel relajante que puede llegar a ser un cómic. Si tenemos en cuenta que hay comics de todos los colores, argumentos, técnicas, temáticas y valores, llegaremos a la conclusión de que nos permiten hacer las compras de Navidad en una sola tarde evitando colas, dudas, preguntas sin respuesta y, sobre todo, un estrés de alto voltaje al encontrarnos sin saber que comprar rodeados de doscientas mil personas (tirando por lo bajo) en un gran centro comercial.

En fin, que comprando un cómic por Navidad dormiremos mejor.
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