martes, 15 de diciembre de 2009

Regala comics en Navidad

Estimado Papá Noel:

Aunque tengo que reconocer que yo soy más de los Reyes magos, no quiero perder la ocasión de que vas a pasarte por mi casa antes que ellos para, por si cuela, me traigas algunos comics. Si son nacionales, mejor.

Te ruego asimismo que hagas un esfuerzo para convencer a los indecisos para que también pidan comics en estas fechas. No solo es un buen regalo sino que ayudará a muchos niños a separarse un poco de ese vicio llamado “videojuegos”; también ayudará a muchos a aprender a leer (como Dios manda y no con ese lenguaje raro de los SMS) y, de paso, ayudarás un poco a que tanto guionista y dibujante que hay por ahí pueda tener unos pequeños ingresos adicionales pensando en la consabida cuestecita de enero.

Querido Papá Noel, no quiero dejar pasar esta ocasión para pedirte también que este año seas un poco más discreto y si te hace falta encender alguna lamparita, que lo hagas sin cortarte un pelo ya que la que liaste el pasado año fue de antología. El jarrón y el espejo los sustituimos por otros nuevos, la puerta de cristal la arreglamos en unos días, pero el infarto de mi suegra (si, la que dormía en el sofá) ha dejado alguna que otra secuela que se traduce en una necesidad imperiosa de dormir a los pies de mi cama todas las noches. Eso, como comprenderás, es más difícil de llevar para mi mujer y para mí.

Bueno, lo dicho, que me traigas comics a mí y a todo el que puedas.

Regala comics, también en Navidad.
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sábado, 12 de diciembre de 2009

Los derechos de autor

Mi amigo Santiago es un escritor en la sombra. Publica relatos donde y cuando puede, y además lo hace bien. Tiene un blog en el que escribe “sus cosas” y va ganando un dinerillo con ello que le complementa el sueldo que mensualmente obtiene como profesor de instituto.

Hace unas semanas me contó que un individuo había ganado un concurso de relatos en Argentina con algo que él había escrito y publicado unos meses antes en su blog. Reclamó a la organización del premio y fue como si reclamara al Conde de Lucanor.

Se le ocurrió ponerse en contacto con la Sociedad General de Autores donde le indicaron, amablemente, eso sí, que se tenía que aguantar ya que eso de los relatos cortos no va con ellos.

No es este un buen lugar para transcribir el conjunto de improperios y barbaridades que pudo soltar mi amigo Santiago sobre la SGAE, los derechos de autor y sobre esa nube de artistas de medio pelo cuyo único mérito para salir en los medios es presumir de histrionismo y chabacanería.

Para colmo, ahora resulta que quieren ir contra Internet por que, según ellos, es el principal sitio donde se vulneran sus derechos.

Me pregunto yo si Ramoncín, Serrat, Rosario, Merche y el propio Tedy Bautista, presidente de la SGAE, dejarían que sin previo aviso la Guardia Civil echase un vistazo a sus ordenadores personales para descubrir con asombro las películas y las músicas que se han descargado ellos mismos de Internet.

Más de uno se llevaría las manos a la cabeza.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Tabletas digitalizadoras, el "ser o no ser" en el dibujo digital

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Hace unos días estaba yo sumido en el desarrollo de un cómic que me han encargado recientemente y llegó mi amigo Félix a visitarme. Él es muy buena gente y tiene como punto a su favor que es un apasionado de los comics, lo cual me permite tener ocasionales pero largas charlas sobre diversos temas relacionados con este fantástico mundo. El único problema es que suele venir acompañado por su mujer y sus cuatro hijos, los cuales son el símil más actualizado que he encontrado a "Atila y los hunos". Nada vuelve a ser como antes, especialmente jarrones, floreros, lámparas y algún que otro mobiliario doméstico. En esta ocasión no derribaron la puerta por lo que tuve tiempo para una animada charla.

En esta visita mi amigo Félix me pilló pasando a "línea limpia" (entintando) unos bocetos para el cómic que he mencionado y surgió un intenso debate sobre el uso de la tableta digitalizadora. No es la primera vez que alguien me pregunta sobre este tema y es uno de mis favoritos ya que, no en vano, la tableta es uno de mis más firmes aliados en el desarrollo de comics e ilustraciones.
La primera pregunta que me suelen hacer es sobre la conveniencia o no de utilizar la tableta. Según mi opinión, eso es algo que está condicionado por la forma de trabajar de cada uno pero de lo que no cabe la menor duda es que es un avance significativo en cualquiera de las facetas del desarrollo de una historieta.

Posiblemente por que soy un romántico, no estoy dispuesto a renunciar a la magia del lápìz y el papel. Con independencia de los ensayos y los apuntes que se puedan tomar en el cuaderno con anterioridad al trabajo, sigo elaborando los bocetos con lápiz ya que se trata de una de las tareas más gratificantes de todo el proceso. Es donde realmente se puede desarrollar todo el poder creativo... guarreando con el lápiz sobre hojas de papel.

En general creo que es interesante llegar a un boceto lo más detallado posible para que cuando pasemos a la "línea limpia" el trabajo sea más rápido y la planificación del dibujo esté ya desarrollada. Con el boceto terminado y con el máximo de detalles posible, es el momento de escanear el dibujo.

A la hora de escanear recomiendo hacerlo a una resolución media-alta (600 ppp puede estar bien) que nos permita obtener una mayor calidad final en el dibujo al adaptarlo a resoluciones de impresión (entre 150 y 300 ppp).

Y aquí es donde la tableta digitalizadora comienza a ser un aliado incuestionable. Pero antes, mucho antes, es cuando debemos plantearnos si queremos adentrarnos en el mundo digital o si, por el contrario, preferimos seguir con el trabajo más tradicional.

Si optamos por el trabajo digital lo más probable es que en el plazo de varias semanas ya nunca más demos marcha atrás. Habrá una fase preliminar en la que el lápiz seguirá siendo un aliado indiscutible (ya lo hemos comentado) pero la calidad, la rapidez y la productividad del ordenador es incluestionable.

Una vez emprendido, pues, el "camino digital", una de las primeras decisiones a las que nos debemos enfrentar es si necesitamos realmente una tableta digitalizadora o si se trata tan solo de un capricho. Yo lo tengo claro, si se trata de un capricho lo que hay que hacer es comprarla y punto (es como si te compras una mandolina simplemente por que te gusta, aunque no entiendas ni un piñón de música).

Ahora bien, si de lo que se trata es de dibujar con ella es recomendable hacer un pequeño análisis previo sobre lo que estamos buscando ya que la gama de tabletas es bastante amplia.
Si nos centramos en la ilustración y la creación de comics, lo primero que debemos tener claro es el tamaño de la tableta digitalizadora. Aquí el tamaño sí importa, aunque no como os estáis imaginando. Los fabricantes se han decantado en principio en tamaños que oscilan entre el A6 (148 x 105 mm) y el A3 (420 x 297 mm) con una tendencia, cada vez más generalizada en los nuevos modelos, a un formato tipo 16:9 (panorámico) a fin de seguir la misma tendencia de los monitores.

A la hora de valorar la tableta más idónea para nosotros, hay que tener en cuenta cual es la forma en la que estamos acostumbrados a dibujar: con los dedos, con la muñeca o con el brazo.
En general, y sobre todo los dibujantes más autodidactas, la tendencia es realizar los trazos con el movimiento combinado de los dedos y la muñeca (con prevalencia de los primeros), lo cual facilita la precisión pero produce como resultado un trazo más inseguro y que frecuentemente deberemos retocar hasta conseguir el resultado que realmente buscamos, especialmente en trazos largos. Por el contrario, la utilización del brazo para dibujar nos ofrece trazos más seguros y amplios donde prácticamente todo nuestro cuerpo se implica en el movimiento.

Más de una vez he visto a compañeros que han optado por comprar una tableta de tamaño A3 pensando que el "burro ha de ser grande, ande o no ande". El resultado ha sido que se han visto obligados a cambiar su forma habitual de dibujar y por tanto los resultados eran mucho más desalentadores de lo que podían imaginar.

Hay que tener presente que cuando la tableta digitalizadora sea grande (especialmente modelos A3 o XL) nos veremos obligados a trazos muy largos y amplios, cosa que no es habitual en quienes trabajan sobre papel desde siempre. Por el contrario, elegir una tableta en formatos muy pequeños (tipo A6) nos ofrece la posibilidad de trabajar el detalle con el simple movimiento de los dedos pero, como contrapartida, los trazos amplios resultarán muy "pixelados" en el resultado final.

Mi recomendación es el uso de una tableta de tamaño mediano (el tipo A5 especialmente) ya que obtendremos mayor versatilidad en todo tipo de trazos, salvo que exista una especialización del dibujante que le oriente claramente hacia otro tamaño.

Un segundo aspecto a decidir es un concepto relativamente novedoso: la presión. Si bien es algo que instintivamente usamos desde siempre cuando dibujamos con lápiz, debemos ser conscientes de que en la tableta también es posible diferenciar los tipos de presión para diversificar el tipo de trazo, e incluso los grados de inclinación del lápiz. Hay tabletas para las que la presión es única y otras que tienen hasta 2400 niveles de presión. No cabe duda de que esto es para los usuarios más avanzados en los que el matiz de la línea tiene importancia y es especialmente importante cuando tratamos de aplicar efectos tales como aerógrafo, brochas y similares, donde el nivel de presión va a ofrecer resultados muy dispares. A fecha de hoy, solo los fabricantes más avanzados ofrecen esta gama de posibilidades y, entre ellos solo Wacom garantiza el máximo nivel de prestaciones en cuanto a presión e inclinación lo cual se refleja, como es obvio, en el precio.

Hay otros detalles interesantes a la hora de elegir una tableta digitalizadora como pueden ser los botones personalizables o los recambios que acompañan a la tableta, pero la experiencia pone de manifiesto que al final uno suele trabajar con pocas opciones de todas las que se ofrecen con las modernas tabletas y a la postre es más útil la utilización de los recursos del teclado (teclas de atajo).

Un tema interesante es el de las tabletas digitalizadoras que son, a la vez, monitores (como el caso del modelo Cintiq de Wacom). No he tenido la suerte de utilizarlas alguna vez pero os aseguro que caerá antes o después ya que todo el que conozco que la ha utilizado no ha sido capaz de explicarme nada sobre ella sino que lo que siempre he visto ha sido una amplia sonrisa en sus caras. Descriptivo, sí señor.

Volviendo al principio, la tableta digitalizadora es un elemento clave en la calidad de los dibujos cuando utilizamos el ordenador, pero no elimina la totalidad del proceso anterior (basado en el lápiz) ya que la labor de bocetar es compleja para ser realizada con la tableta a pesar de lo que algunos fanáticos digan en su defensa.

En un próximo post os detallaré el proceso creativo que se puede llevar a cabo con la tableta así como algunos trucos.

Hale, a descansar.
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jueves, 5 de noviembre de 2009

Yo conocí a Francisco Ayala

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He de reconocer que cuando me dijeron que el escritor Francisco Ayala iba a darnos una charla tuve que preguntar a alguno de mis compañeros sobre quien era ese tipo del que, por cierto, todo el mundo conocía detalles de todo tipo. Yo era de “ciencias”, o al menos así se nos clasificaba a los que desde jovenzuelos nos orientamos hacia estudios más relacionados con la experimentación que con el pensamiento.

No le atribuí demasiada importancia al acto aun a sabiendas (tras una breve investigación entre mis compañeros) de que se trataba de uno de los “ilustres” de la Generación del 27. Ese fue uno de los datos que más me había llamado la atención al vincularlo directamente con otros autores como Federico García Lorca o Antonio Machado, más conocidos a la sazón incluso por gente como yo.
Estábamos en la primera mitad de la década de los ochenta, no recuerdo el año exacto, pero el caso es que llegó el día y sin tener nada mejor que hacer (supongo que aquel día no tocaba estudiar) me dirigí a la sala donde se daban las conferencias en mi colegio mayor.
Al cabo de un rato entró por la puerta este hombre de apariencia débil que ya en aquel momento me pareció muy mayor (todavía disponía, sin saberlo, de más de un cuarto de siglo por delante para sembrar cultura y conocimiento). Yo tenia veintipocos años pero recuerdo perfectamente aquella charla en la que nos habló sobre lo que había supuesto la evolución política de nuestra España en el desarrollo literario de la primera mitad del siglo XX. Sencilla conferencia pero genial.
Pero lo que me cautivó en verdad no fue esa charla sino las más de dos horas que nos dedicó posteriormente en la cafetería a un pequeño grupo de muchachetes hablando de cosas más banales y, en cualquier caso, respondiendo a cuantas barbaridades se nos pasaban por la cabeza. Lo que nos impactó a casi todos fue la aparente sencillez, a la vez que fuerza, con la que se expresaba Francisco Ayala. Si alguna vez tuvo rencor hacia algo o hacia alguien con motivo de su exilio, tuvo buen cuidado de no exhibirlo. Todo lo contrario, habló de cómo la circunstancia política, a parte de desembocar en la persecución de compañeros y conocidos, había contribuido a enriquecer los puntos de vista y el pensamiento de quienes tuvieron, como él, que marchar fuera de nuestro país por la intransigencia de unos y otros. Habló de muchas otras cosas, no recuerdo la mayoría de ellas, pero el punto en común era un conocimiento profundo de las personas y una forma de hablar que cautivaba.
Nunca leí alguna de sus obras ni me hizo falta. Aquel día conocí a una gran persona con una mente brillante y una sencillez que le otorgaba la fuerza de la que carecíamos cualquiera de los jóvenes que le rodeábamos. Desde entonces, cada vez que he escuchado su nombre o aparecía en algún medio de comunicación me apresuraba a decir a quien me oyera que “a ese tipo lo conozco”.
El otro día escuché hablar de él cuando anunciaron que había fallecido. Pues sí, a ese tipo lo conocí hace veinticinco años. Y me impresionó.
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sábado, 24 de octubre de 2009

50 aniversario de Asterix... y compañía

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Es curioso como pasa el tiempo. Cuando somos pequeños nos aficionamos a leer una serie de historietas que empiezan por hacernos gracia y terminan por acompañarnos a lo largo de toda nuestra vida. Es el caso del Capitán Trueno, Jabato, Mortadelo y Filemón, Asterix, Tintín y otros muchos. No nos damos cuenta apenas y resulta que los libros que tan cuidadosamente guardamos en un rincón sagrado de nuestras casas empiezan a ser leídos por nuestros propios hijos. Y sigue... Pero esas historias que nacieron en la imaginación de genios y artistas hace decenas de años parecen frescas y recientes, como si apenas hace unos meses hubieran salido de la pluma de su autor.


Esto es lo que le ocurre a nuestros entrañables Asterix, Obelix y compañeros galos. El jueves 29 de octubre se cumplen 50 años desde que se publicó su primera aventura, aunque su primer libro no apareció hasta 1961, dos años después. Apareció en el seno de la revista francesa Pilote, la cual pretendía tener un héroe francés del cómic y saldó la presentación de la primera aventura de Asterix (en su página 20) con una venta de 200.000 ejemplares. Aún hoy, sería un record de ventas que cualquier autor desearíamos para nosotros mismos. Tras esa aparición se planteó la creación de un primer libor, que vio la luz en el año 1961. Desde aquel día son incontables las veces que hemos escuchado la famosa frase de... “Toda la Galia está ocupada por los romanos. ¿Toda?. No. Una pequeña aldea se resiste ahora y siempre al invasor”.

No recuerdo exactamente cuando cayó en mis manos el primer ejemplar de Asterix pero seguro que yo no llegaba a los diez años. En esa tierna infancia, a falta de disponibilidad económica (de la cual incluso carezco siendo adulto) aprovechaba cualquier celebración para pedir que me regalaran comics y, entre ellos, de Asterix. Hoy en día puedo presumir de disponer de la colección completa y de releerlos habitualmente. Mi mujer me mira de reojo y me hace la consabida pregunta ¿cómo puedes leer lo mismo treinta y cinco veces sin aburrirte?. El caso es que tienen su gancho.

Muchas veces me he preguntado, precisamente, cual es la razón del atractivo para el gran público de estos personajes galos de la aldea de Asterix. Es una pregunta que tiendo ha hacerme, cual psicólogo de los personajes, con cada cómic que cae en mis manos. Aparentemente, un tipo achaparrado y un enorme y obeso amigo no plantean por sí mismos un atractivo para una saga de comics. Pero el hecho de constituirse en “resistencia” contra el poderoso (algo que en secreto todos desearíamos ser alguna vez); disponer de una poción secreta que le otorga una fuerza sobrehumana (¿qué no pagaríamos por algo así); la magnífica factura del dibujo y un elaborado guión son el conjunto de atributos que le han permitido vender más de 300 millones de ejemplares en todo el mundo y hablar en más de un centenar de lenguas, incluido el latín y el griego clásico.

Sus autores son René Goscinni y Albert Uderzo. El primero era el encargado de escribir los guiones hasta que falleció en 1977 a la edad de 51 años. Uderzo, por su parte, sigue hoy en día dibujando los álbumes y asumió (a veces solo y otras con colaboraciones) la construcción de los guiones tras la muerte de Goscinni. Actualmente tiene 82 años y sigue dibujando.

La importancia que han adquirido estos personajes se ha visto reflejada en una serie de curiosidades algunas de las cuales parecen ciertamente estrambóticas.

- Asterix fue el nombre que recibió el primer satélite espacial francés, en el año 1965.


- Hay al menos veintitrés pueblos y ciudades de Francia que disponen de alguna escultura dedicada a los guerreros galos, los del cómic, claro.

- En el mundial de futbol de Francia en 1998, la mascota oficial inspiró su nombre en los nombres de los galos de estas historietas, se llamó “Footix”.


Ya se han editado 33 álbumes y precisamente en estos días aparece, con motivo del 50 aniversario un nuevo álbum. Además, se han hecho 9 películas de animación, una de ellas incluso con versión 3D, y otras dos películas con personajes de carne y hueso. Se han editado cuatro libros sobre las películas (“Making-of” y todo eso) así como innumerables libros en los que Asterix y/o los galos aparecen de una u otra forma. Forman parte habitual en las guías de turismo y ocio en diferentes puntos de la Bretaña. También disponen de un parque temático cerca de París que recibe millones de visitas todos los años y donde cualquier aficionado puede sentirse auténticamente inmerso en la vida cotidiana de la aldea gala. Por supuesto, también tiene una magnífica y completa página web en http://www.asterix.com/


Por cierto, en los 33 álbumes, 9 películas de animación, 2 películas de personajes reales, los libros o en la página web nunca nos han dicho como se llama la aldea gala. Y, digo yo, que tendrá un nombre.


En fin, cincuenta años dan para mucho. Y parece que el tiempo no pasa por ellos. ¿Verdad?.
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jueves, 3 de septiembre de 2009

La fusión creativa de Disney y Marvel

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Los resultados artísticos que deparará la recién anunciada compra de la editorial Marvel por parte de la compañía Disney están por ver si bien lo que está claro es que lo más relevante a fecha de hoy es el efecto “oportunidad” que supone la fusión de ambas factorías creativas.

No voy a entrar en profundidad sobre los aspectos económicos de la operación ya que mi conocimiento sobre la especulación en los mercados es más bien limitada. No me cabe duda de que hay mucho expertos en esa materia, incluso en nuestro querido país, por lo que prefiero que sean ellos quienes valoren o especulen con el horizonte económico de la operación. Lo único que salta a la vista, incluso la de los más abyectos en la materia, como yo, es que se ha pagado un sobreprecio por la Marvel, sobre todo si tenemos en cuenta la crisis global y el hecho de que la rentabilidad de los principales personajes de Marvel está lastrada por licencias previamente existentes con algunos estudios de cine.
No me cabe duda de que Disney busca, por otro lado, la continuidad en la dependencia emocional de los jóvenes hacia sus productos. Me explico: A nadie escapa que el principal público a quien se destinan los “productos Disney” son los más pequeños, que desde su más tierna infancia han tenido contacto directo con Donald, Mickey, Goofy y familiares. Esa niñez se funde con la adolescencia utilizando la cada vez mayor dependencia de la televisión. No en vano el Disney Channel (en sus diferentes canales y versiones) atrapa a los pequeños y los va atrayendo paulatinamente con productos “adolescentes” cuya culminación en los últimos años se refleja en “Hanna Montana” y los “Jonas Brothers”. Una maquinaria de marketing y comunicación perfecta y bien engrasada hacen lo demás.
Pero Disney ha tenido hasta el día de hoy un punto débil que no es otro que la transición entre la adolescencia y la juventud. Ese momento mágico en el que se abandonan los amoríos de quinceañeros y pasamos a vivir de la aventura y de la trasgresión. Se trata, justamente, del universo Marvel.

Muchos jóvenes descubren los comics de héroes (algunos impecables y otros irreverentes) como Superman, Spiderman, Hulk, Patrulla X, etc. Ese es, precisamente, el público que pierde la Disney y por el que suspira (artísticamente) en esta operación empresarial. Ahora, gracias a la compra de la Marvel, la linealidad en la dependencia emocional de los niños-adolescentes-jóvenes incrementa el potencial económico de la compañía ya que esto se verá reflejado en películas (no olvidemos que Pixar también es de la Disney), aventuras sobre papel, merchandising y atracciones en los parques temáticos.

No es de esperar que existan cambios en la producción artística. Olvidémonos de los híbridos que circulan por Internet, a modo de parodia, de personajes de ambas compañías. Por el contrario, el universo Marvel seguirá produciendo como hasta ahora y ocurrirá lo mismo con la Disney. Nuestras librerías seguirán bien surtidas, no nos preocupemos.

No me gustaría dejar pasar la ocasión para hacer un repaso a la evolución de las “crisis de identidad” que afectan a las empresas que, como la Disney, canalizan gran parte del mercado del cómic, la animación, el cine y el ocio. Y en esta ocasión, la operación de compra ha estado marcada por una gran crisis en la Disney. La compra de Marvel es una oportunidad que, como ya hemos mencionado, abre un universo de posibilidades de mercado (especialmente el de la franja destinada a los jóvenes post-adolescentes) y se produce como resultado de una necesidad de Disney de salir de una crisis, asunto por el que la compañía americana ya ha pasado en ocasiones anteriores.

Hay cuatro grandes crisis en la historia de la Disney con puntos en común en todas ellas:
La primera crisis se inició a principio de los años 40 tras un periodo dorado que arranca con el estreno de Blancanieves (1937) y se cierra con Bambi (1942) donde los estudios estuvieron a punto de cerrar a causa de una huelga del personal, el inicio de la guerra mundial y el cambio de hábitos en el público que asistía a los cines, donde cada vez se demandaban menos los cortometrajes de Disney.

La segunda época dorada se inició con el estreno de Cenicienta (1950). En este periodo, lo más importante que hace la empresa es abrir los mercados del ocio (inauguración de Disneylandia), largometrajes no animados y el cierre de la sección de cortometrajes. La compañía ya empezaba a dar muestras de buscar la rentabilidad de sus actividades por encima de la animación, que pasó a un relativo segundo plano si bien era la imagen pública de la empresa. Tras la muerte de Walt Disney (1966) la empresa entra en una nueva etapa de profunda crisis donde los éxitos en el sector ocio son lo más relevante de la empresa. En la práctica, la puesta en marcha de Walt Disney World (1971) es lo más reseñable de este periodo.

En el año 1984 la compañía Disney estaba a punto de entrar en barrena tras una lista interminable de fracasos artísticos y empresariales cuando se nombró a Michael Eisner como Presidente y Consejero Delegado, y con él llegó la revolución. Los conceptos originales de la empresa pasaron a segundo plano primando por encima de todo la rentabilidad empresarial. Los protagonistas de las películas animadas, el ratón Mickey, Donald, Pluto y compañía eran la excusa perfecta para crear todo tipo de productos para el gran público (vídeos, canales de televisión, series, merchandising, atracciones en los parques, etc.). Desde el punto de vista de la animación, este periodo se inaugura con La Sirenita (1989), a la que siguen La Bella y la Bestia, Alladin o Tarzán. Todas ellas ya van acompañadas de vastas acciones promocionales y una venta masiva de productos. Todo, hasta el último detalle, ya está previsto para conseguir la máxima rentabilidad.
La última gran crisis de la compañía se inicia a principios del siglo XXI con la sustitución de Michael Eisner por George Mitchell en la presidencia y la búsqueda de mejores resultados. Ya en este siglo, la estrategia de la compañía se ha centrado en la explotación de los recursos de la televisión (tanto canales abiertos como de pago, elaboración de series, creación de ídolos para adolescentes) y la potenciación de los parques de ocio (a pesar de sus dudosos resultados económicos). La compra de Pixar fue un giro estratégico que daba a la Disney un nuevo canal para la realización de películas de éxito a la vez que eliminaba a una competencia de calidad.

Ahora, en medio de una crisis global de la que se están resintiendo todas las empresas, incluida Disney, se ha producido la oportunidad de atacar a un sector de público (los jóvenes) que aún no estaban en la cartera de la empresa.

Es posible que desde el punto de vista económico esta operación tenga sus puntos cuestionables (eso es, al menos, lo que dicen algunos aparentemente listos) pero de lo que no me cabe la menor duda es que la empresa Disney ha hecho otra jugada maestra para mantener el negocio del entretenimiento al más alto nivel. Al menos para ellos.
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jueves, 13 de agosto de 2009

Me voy de vacassssiones


No puedo disimular la emoción que me embarga en este momento en que escribo estas líneas.
Faltan escasas 24 horas para que me encuentre en estado cataléptico vacacional. Eso, en la práctica significa no asistir al centro de trabajo habitual, pero a cambio tendré la oportunidad de cambiar el alicatado de mi cocina, pintar el dormitorio, reparar una librería que se rompió hace unas semanas y alguna que otra cosilla más.

Lo dicho. Estoy de vacaciones.


martes, 28 de julio de 2009

La llegada a la Luna y los comics

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El espacio siempre ha sido uno de esos lugares que todos los humanos (e incluso algún inhumano) hemos mirado con admiración y curiosidad. La Luna ha sido objeto de culto, una referencia astronómica y un entorno adecuado para la generación de misterios para cualquier imaginación. Los comics no iban a ser menos y la Luna, como el espacio, han estado presentes en muchas obras que han pasado por nuestras manos. Y no solo eso, sino que muchas veces, cuando leemos comics es fácil escuchar esa frase diciendo: “Dejalo, está en la Luna”.
Hace unos días se han celebrando con cierto los cuarenta años desde que el hombre (¿o habría que decir “el hombre y la mujer”?) puso el pie en la Luna. Fue una madrugada del 21 de julio cuando algunos tuvimos la fortuna de ver, en un blanco y negro televisivo, ese momento estelar de la historia. Ahora, con la perspectiva del tiempo, es cuando más valoramos esa hazaña si tenemos en cuenta que, por ejemplo, la capacidad informática de aquellos vuelos espaciales era muy inferior a la de cualquier calculadora que llevan nuestros hijos al colegio. Además, fue televisado en directo a todo el mundo. Sencillamente impresionante.
Tras algunos alunizajes y algunos paseos por la superficie de nuestro satélite, el programa Apolo simplemente terminó, nunca más volvimos. Pero ya nunca volvió a ser como antes. Ahora ya sí sabíamos lo que podíamos encontrarnos en la superficie de la Luna. Nada de hombrecillos verdes ni de ruinas de una civilización que nunca existió. Simplemente polvo y rocas.

Este hecho se reflejó en muchas de las historias que publicaban editoriales como Marvel, DC Comics, Image Comics y otros, en las que los planteamientos del “antes” y el “después” se reflejaron en que los hombrecillos ya no venían de la Luna sino de otros lugares más lejanos. Pero me gustaría centrarme en dos hechos que, centrados en el cómic, tuvieron cierta relevancia.

Mi primera propuesta es la incursión que hizo Hergé con su personaje Tintín, en la carrera espacial. De hecho, mucho antes de que la gente de la calle, vamos, la gente normal, tuviera presente que era posible viajar a la luna, él ya se estaba documentando para que dos de sus aventuras más famosas tuvieran ese mismo hilo argumental. Esto tiene más mérito si cabe por el hecho de que esta aventura salió a la calle en el año 1953. En España tuvimos que esperar hasta el año 1958, época en la que se estaban vendiendo las primeras unidades del SEAT Seiscientos, todo un logro tecnológico.
En efecto, se trata de dos de las historias más famosas y vendidas de Tintín y seguro que cualquiera de los que lean estas líneas han tenido la fortuna de haber tenido en sus manos los dos volúmenes: “Objetivo la Luna” y “Aterrizaje en la Luna” (posiblemente hubiera sido más propio haberse llamado “Alunizaje en la Luna”). Muchos de los detalles que aparecieron en estas aventuras se basaron en una profunda investigación de cuanto en esos momentos era accesible al público en general, más bien poco. Pero el mérito está en la capacidad que tuvo Hergé para imaginar los detalles de ese viaje a nuestro vecino satélite.

Por otro lado, un hecho que es interesante destacar es el hecho de que el personaje de Charles Schultz, Snoopy, fue “casi” adoptado por la NASA como marcota de su Apolo X e incluso creó los premios “Silver Snoopy” para aquellos astronautas que más y mejor contribuyeran en el éxito de los vuelos espaciales. Un personaje de cómic que sirvió de inspiración para la tecnología más avanzada de su época.
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jueves, 2 de julio de 2009

Maravillas de la lengua o el bibianismo en los comics

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Quienes me conocen saben que no soy una persona de esas que comienza a hablar y no se detiene hasta que se queda solo. No lo hago ni por pereza ni por desgana sino simplemente por que me gusta escuchar. El lenguaje es una herramienta fantástica que se nos dio al ser humano para poder comunicarnos y en cualquiera de sus formas es algo que no valoramos suficientemente hasta que, por el motivo que fuere, nos vemos privados de la capacidad de usarlo.

Pero otra cosa, también maravillosa, es la lengua. No me refiero al apéndice carnoso que muchos llevamos en la boca (algunos llevan cualquier otra cosa) sino a la “Lengua”, con mayúsculas, el idioma común con el que nos relacionamos las personas en un país o territorio.

Por desgracia hay cientos de lenguas en el mundo y según dicen los estudiosos, la mente humana no permite el aprendizaje de más de una decena de ellas. Sería maravilloso poder cruzar el planeta completo pudiendo intercambiar experiencias con todo aquel que te encontraras en una única lengua. Posiblemente nos llevaríamos incluso mejor.

Además me gusta presumir de hablar español, posiblemente una de las más bonitas lenguas del mundo que, por otro lado, se habla en una extensión extraordinaria del mundo y por millones de personas.

Sin lugar a dudas, la iniciativa que tuvo a principios del siglo XVIII el Marqués de Villena, amparado por el rey Felipe V, de crear la Real Academia Española de la Lengua fue un éxito al ir sentando las bases para la fijación de los vocablos con el fin de que tuvieran propiedad, elegancia y pureza. Gracias a eso somos capaces de expresarnos con una riqueza extraordinaria de palabras y expresiones que propician el éxito en cualquier reunión social (hasta la tercera copa, más o menos). Con el devenir de los años son muchos los vocablos y las voces que se han ido añadiendo oficialmente a nuestra lengua por el uso o aceptación que han ido teniendo en la calle si bien somos precisamente nosotros, los individuos de la calle quienes peor uso hacemos de todos ellos con personalismos, regionalismos, dejes y otras matracas.

Recientemente tuve una pequeña discusión con motivo del uso de la lengua; la de comunicarnos, no la otra. Todo ocurrió al presentar unos bocetos a un cliente sobre unas viñetas que me había encargado para una campaña promocional donde me recriminó por utilizar el lenguaje de forma sexista o, más bien, machista. El caso es que el problema radicaba en que yo utilizaba para los diálogos de las viñetas el género neutro en vez de masculino+femenino, que parece ser que es lo que se impone últimamente. Vamos, que si digo “ciudadanos” no es lo mismo que decir “ciudadanos y ciudadanas”. Pues según mi modesto entender, y según ampara nuestra mencionada Academia, es exactamente lo mismo. Punto y pelota. O punta y peloto.

Precisamente, a la hora de elaborar un cómic una de las tareas más importantes y laboriosas de la fase creativa es conseguir un uso adecuado de la lengua a fin de transmitir de forma clara, precisa, elegante y eficaz las ideas que complementamos con el dibujo. El famoso “bocadillo” que acompaña a las viñetas tiene otro reto importante en ese proceso que es conseguir las palabras justas y precisas para que se transmita el mensaje sin salirnos del trocito de papel del que disponemos.

Desde hace unos poquitos años tenemos la extraordinaria suerte en este país en el que vivimos de cohabitar con mentes privilegiadas que se han empeñado en llevar a nuestra lengua hacia los límites de lo divino. Me refiero al concepto de “lenguaje sexista” que pretende llegar a la igualdad haciéndonos repetir una y otra vez las mismas palabras, ahora en masculino y después en femenino, o viceversa. Dudo mucho que el uso del lenguaje en la forma que nos tratan de imponer ayude en forma alguna a la igualdad entre sexos ya que una cosa es el hablar y otra muy diferente la formación y el civismo de las personas.

El éxtasis de este grupo de admirados aspirantes a académicos llegó cuando una ministra aludió a que estaba rodeada de “miembros” y “miembras”. Este desliz no solo sirvió para abrir un debate absurdo sino que, además, los hubo por centenares que la defendían y que reivindicaron una equiparidad sexista de la lengua.

Ya hacía tiempo que se me saltaban las lágrimas (de risa, claro) cuando más de uno escribía utilizando la conocida arroba “@” para dirigirse a ambos sexos a la vez. Posiblemente no son conscientes quienes esto hacen de que están llamando literalmente gordos a todos y todas ellas ya que la arroba es una medida de peso que se usa como tal, y con ese mismo símbolo, desde el siglo XVI.

Pero mi interés en este humilde escrito no es otro que reivindicar un poco de rigor a quienes presumen de utilizar la lengua con igualdad y lo que le están haciendo es un penoso favor al fomentar la desigualdad del lenguaje al denostar las voces genéricas de las palabras (o lo que es lo mismo, utilizar el masculino como género neutro). Digo esto por que me siento como una persona (o “persono” en mi caso) ofendido al comprobar que la lengua (el “lenguo”) utilizado por la raza humana (el “razo humano”) obedece a intereses partidistas (“partidistos”) más que a la lógica (el “lógico”).

Además, en el caso concreto de cada individuo (o “individua”) aparecen dificultades específicas. Mi problema (“problemo”) es que no estoy seguro sobre como voy a hacer comics a partir de ahora ya que la lengua (“lenguo”) que pretenden imponerme me obliga a usar el doble de superficie (“superficio”) de papel a fin de transmitir una idea (“ideo”). A partir de ahora, en vez de aprovechar la riqueza (“riquezo”) de la legua (“lenguo”) española (“españolo”) habré de tener cuidadito en que todas las formas (“formos”) lingüísticas aparezcan reflejadas en masculino (“masculina”) y femenino (“femenina”).

El caso es que este debate absurdo hizo que mi cliente no quedase satisfecho hasta que le rehice todos los textos utilizando ambos géneros en cada viñeta. Esto me obligó a reducir la superficie de dibujo en un 20% a favor de los bocadillos que necesitaba para poner ese “extra” de texto. Pero ya se sabe que el cliente siempre tiene la razón.

Gracias Bibiana por abrir el horizonte del pensamiento moderno no sexista. No estoy convencido de que mis lectores te lo agradezcan en el futuro, ni tan siquiera yo mismo, pero te aseguro que las fábricas de papel y de tinta te harán un monumento. O “monumenta”, quien sabe.
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viernes, 12 de junio de 2009

Una conferencia impresentable

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Hace unos días tuve ocasión de asistir a la conferencia que un conocido dibujante ofreció en Málaga y que en principio me había llamado la atención porque conocía sus dibujos y por que el tema prometía. La conferencia en cuestión se llamaba “El cómic como herramienta de expresión y de reivindicación”.

La idea me gustaba ya que soy de la opinión de que un cómic es algo más que un simple grupo de dibujos. De hecho, se trata de un mensaje (guión) traducido a viñetas con independencia de que lo que se quiera transmitir sean sentimientos, críticas, chistes o cualquier otra idea. El cómic sin un argumento es tan solo un dibujo (sin que ello le quite el mérito artístico que merece, por supuesto). El caso es que para que un cómic sea realmente bueno debe contener por partes iguales una buena dosis de dibujo y otra de guión (la famosa idea genial que siempre está rondando hasta que se la necesita). Al menos es así como yo lo veo.

El caso es que esa tarde tenía tiempo de sobra y me fui con anticipación para poder pasar antes por una tienda especializada de comics, de una editorial conocida, y echar un rato ojeando novedades y pequeños tesoros escondidos. Llegué al lugar de la conferencia (una asociación cultural juvenil) con tiempo suficiente para pillar una buena silla, cosa que, en efecto, hice. Me sorprendieron las buenas instalaciones de esta asociación juvenil aunque me explicaron después que allí se concentraban otras muchas asociaciones para sacar buen rendimiento de los locales y compartir gastos. La sala tenía unas cien sillas y disponía de todos los medios audiovisuales que se pueden necesitar para una conferencia de cierto nivel. Esto prometía.

A mi alrededor había algo más de cincuenta personas, casi todos mucho más jóvenes que yo, y la verdad es que me encontraba muy “metido en faena” pues las conversaciones que se cruzaban eran todas sobre el mundillo del cómic, cosa que se agradece bastante pues descubres que no se trata de una cultura tan minoritaria como algunos creen. Realmente estaba disfrutando del momento.

Tras diez minutos de retraso sobre la hora prevista llegó el conferenciante. O, al menos, eso esperaba yo. El caso es que aparece un jovencito con camiseta de ACDC seguido de un ...algo, vestido de Darth Vader. El muchachete que lideraba la procesión resultó ser el presidente de la asociación juvenil. Hasta ahí todo bien (o cuanto menos aceptable). Pero mira por donde que cuando presenta al dibujante que yo había ido a escuchar, le cedió la palabra a Darth Vader.

No calificaría esto de surrealista ya que cada uno puede tener su manía o afición personal. De hecho, conozco gente para los que el Carnaval de Cádiz es su pasión y los disfraces son su vida. El surrealismo ortodoxo llegó inmediatamente después cuando el conferenciante dijo con voz ronca algo así como: “Yo soy la fuerza, mis dibujos tienen la fuerza y vosotros vais a tener esta tarde la fuerza”. ¡Toma caña de España!.

El resto de la conferencia fue por el mismo camino y lo que finalmente pude deducir del cúmulo de disparates que escuché en la media hora que tardé en largarme de aquel submundo es que o yo estoy fuera de onda o aquí la gente se pasea “fumá” por el barrio y sin complejos. De mensajes y de comics, nada de nada. Mucho hablar de reivindicación, sí, pero de reivindicación de culturas alternativas y cosas similares. De dibujo, nada de casi nada.

Volvía a mi casa cabizbajo con la sensación de haber perdido a un dibujante admirado y de haber echado por la borda esa maravillosa tarde de primavera. Pero conforme andaba por esas calles malagueñas me daba cuenta de que estaba equivocado ya que, por el contrario, debía darme cuenta que este mundo del cómic es tan inmensamente grande y rico que permite abrazar a genios como Mingote, Francisco Ibáñez, Max o Paco Roca y a idiotas impresentables como este que acababa de ver.
Por cierto, del dibujante no diré su nombre, ni su alias artístico, ya que es preferible que lo conozcáis por su obra (que la tiene y buena) que por sus surrealismos freudianos. Yo, lamentablemente, cada vez que veo alguna cosa suya ya no puedo evitar recordar esa tarde en la que descubrí que a veces un buen lápiz puede tener detrás a un absoluto imbécil.
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viernes, 22 de mayo de 2009

Hace 23 años...

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Me vais a perdonar, pero hoy no quiero hablar de comics, ni de viñetas, ni dibujos, ni de nada que se le parezca pues me apetece contar una experiencia que he vivido hace unos días y que me ha marcado, espero, por mucho tiempo. Aviso a navegantes: este post es solo para iniciados de la P26 ya que para cualquier otro será difícil de entender.

El tema ya apuntaba buenas maneras desde hace unos meses, cuando nuestro compañero César (“Jéjar”, para más señas) empezó a localizarnos y organizarnos. Difícilmente sabremos algún día (salvo por confesiones de Luisa) del esfuerzo de este personaje para dar con el paradero de todos los de nuestra promoción, la P26, ya que algunos parece que se habían acogido a un programa de protección de testigos. No los encontraba ni el Lobatón. Pero lo fue consiguiendo.

Yo lo tuve claro: iba a ir. Pero tenía miedo de que las grandes expectativas que me estaba creando en torno a este encuentro se vinieran abajo cuando llegara el día. La ilusión por recuperar mi memoria perdida me hacía subir la adrenalina cada vez que repasaba la web donde ya colgaban muchas fotos de la P26. La verdad es que iba tachando los días en el calendario de mi cabeza. Ya quedaba menos. Ya llegaba el día.

Y llegó.

A la mayoría de los compañeros de la P26 no los había visto desde que acabamos la carrera y tenía mis dudas sobre si los iba a reconocer. ¡O ellos a mí, claro!. No tenía muy claro si habríamos cambiado lo suficiente como para no “conectar” como lo hacíamos durante los años de facultad.

El primer acontecimiento de la agenda era un partido de fútbol entre antiguos alumnos al que llegué nada más iniciado. En mi retina estaban todavía los partidos entre globigerínidos y esquistosos allá por los años ochenta. Al principio me sentí mayor, muy mayor, cuando observé dos equipos de entre catorce y diecisiete jugadores cada uno (¡treinta tíos jugando a la vez!) y entendí que los años no pasan en balde. La forma de correr, la forma de respirar (jadear más bien), las barriguillas...

Pero llegó mi primer momento mágico cuando, entre el público, alcancé a ver al “Ruzo” y a la “Calvache” y sentí al instante que fue ayer mismo cuando los vi por última vez. Se incorporaron enseguida al grupo “la Canaria”, “Pitagorín”, “el Seco” y los gladiadores que se habían atrevido a saltar a la arena: Tomás, “El Pí”, Cris, “Jéjar”, David Merino; hechos unos zorros pero felices. Los abrazos que compartía con cada uno de ellos me llenaban de sudor (el de ellos, claro) pero de inmensa alegría. Unas cervezas muy frías sellaban ese encuentro como en los viejos tiempos. Comprendí que 23 años no son nada si realmente llegaste a apreciar a toda esa gente con la que compartiste los mejores años de tu vida. Y allí estaban.

No, no habían pasado 23 años. Yo no había perdido casi todo el pelo que tenía antaño (una buena melena, oiga). Ni tan siquiera había engordado unos gramos, no señor. Estaba allí, como ayer mismo.

Lo de menos fue el resultado del partido (7-2 para los globigerínidos, por cierto) sino que teníamos ante nosotros la primera excusa del fin de semana para compartir cervezas y recuerdos.

Esa misma noche hicimos lo que mejor hemos aprendido en toda la carrera y en lo que más calificación hemos sacado en la P26. Nos fuimos a tomar cervezas a “La Gamba Alegre”, lo cual nos llenó de satisfacción al comprobar que seguía en el mismo sitio que hace 23 años. Allí empezamos a eso de las nueve de la noche Tomás Cremades y un servidor con las primeras cañas de la velada para terminar bien entrada la madrugada con el bar hasta los topes de geólogos coreando nuestro grito de guerra igual que hacíamos en los bares de casi toda la geografía española cuando los ánimos se exaltaban en alguna de nuestras excursiones durante la carrera. Allí, en la Gamba Alegre, también se incorporó Angelines, con su eterna simpatía. Más tarde nos llevamos otra sorpresa al comprobar que "Batán" seguía estando donde antaño, asunto este que quisimos celebrar con unas copas en su interior.

Aquella noche yo ya hubiera dado por satisfecho el fin de semana, pero no fue sino el comienzo de otras muchas alegrías.

A lo largo del viernes comenzaron las sesiones serias, esas en las que la gente escucha lo que unos sabios dicen, y nos fuimos reencontrando todos. Cada uno de los que iban apareciendo, además de los compañeros del día anterior, aportaba frescura a la reunión:“Pepe Bond”, Noli, Alicia, Marisa, Senata, Belén, Ana, Mercedes, María del Mar, “El Cali”, Pepe Clavero, Fernando, “Fuengirolo”, “el Pitufo”, José Antonio, Angel, Antonio Castro, Salva, Chema, Carlos y Pepe “Pulianas”, “Manzanita”, Diego. ¡Vaya tribu, señores!.

Nuestra P26 se destacó una vez más entre todas las demás con dos posters llenos de magníficas fotos y con una vitrina donde se exhibían objetos de la “Rhipio”. ¡Somos los mejores! (frase habitual, por cierto). Otros también lo decían pero nosotros éramos los únicos que teníamos razón.

Como colofón para ese día tuvimos la suerte de cenar en el Hospital Real, un lugar de lujo para una reunión de lujo. Nunca en mi vida había visto a muchos de mis compañeros con traje y corbata. Incluso parecían gente decente. Sin embargo, a pesar de las etiquetas nuestra actitud era la misma que cuando compartíamos libros y apuntes. Rápidamente localizamos la puerta por donde salían las bandejas de la cocina, lugar en el que nos ubicamos de forma natural y disciplinada. Ni que decir tiene que casi dejamos al resto de los setecientos comensales sin cena y sin bebida. Por fín, Crís amortizó la cena. Cada minuto alguien recordaba una anécdota, una situación, un momento mágico de todos los que vivimos durante la carrera.

El último día siguió este festival de morriñas en nuestra facultad y pusimos colofón a la reunión con una magnífica fotografía en las escaleras que suben a la sección de Geológicas enseñando el culo (debidamente protegido, eso sí). Nada había cambiado. Seguimos siendo los golfos simpáticos de siempre, aunque más experimentados y talluditos.

Sentí mucho el momento de la despedida hasta tal punto que hubo compañeros de los que me despedí hasta tres veces. Todos nos prometíamos que no dejaríamos pasar otros 23 años.

Mi regreso hacia Málaga fue como comer en un restaurante chino, todo lleno de salsa "agridulce". Circulaba por la autovía escuchando a Queen con su “We are the champions” a todo volumen y miré al retrovisor donde aprecié una inmensa mancha blanca. Creí reconocer a Sierra Nevada, pero una vez más me equivoqué. Era la inmensa nube blanca en la que había estado subido todo el fin de semana y que iba dejando atrás.

Curiosamente, hace 23 años yo tenía 23 años. Pero gracias a esta panda de descerebrados de la P26, sigo teniéndolos. Os quiero una jartá, amigos.
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viernes, 10 de abril de 2009

Como dibujar comics

Son muchos los correos electrónicos que recibo en los que me preguntan algunos aspectos sobre como se dibujan los comics y la verdad creo que no soy yo precisamente, un auténtico autodidacta, quien debería responder a ese tipo de preguntas. Una vez dicho esto, me voy a atrever a explicar en unas líneas la forma en la que yo los hago por si alguien tiene curiosidad y, en cualquier caso, por que me apetece hacerlo.

Lo primero, y lo más difícil, es eso que llaman “inspiración”. No siempre está ahí esperando ni aparece cuando la llaman. Para mayor escarnio del autor, la inspiración suele desaparecer cuando más se la necesita. Yo acostumbro a llevar conmigo una libreta en la que apunto las cosas que se me ocurren en los momentos más insospechados, los cuales no describiré por cuestión de tiempo y salubridad pública. Posteriormente, y una vez delante del papel es el momento de echar mano de la libreta donde se empieza a hacer una selección de las mejores ideas. Suelen quedar dos o tres realmente buenas las cuales es necesario depurar a fin de adaptarlas al formato que se le desee dar al dibujo, la historieta o la viñeta monda y lironda.

Antes de empezar el trabajo definitivo es francamente recomendable la realización de un story-board donde estructuremos de forma lógica la historia a fin de no tener que rehacer posteriormente páginas completas por el hecho de que se nos ocurra una nueva idea. Una vez hayamos reposado y repasado el story-board es el momento de comenzar.

Me gusta trabajar sobre papel a pesar de las magníficas herramientas que nos ofrece actualmente la informática. El papel y el lápiz nos permiten depurar mejor los volúmenes pero, sobre todo, nos ofrecen la posibilidad de desarrollar nuestro pequeño archivo con ideas gráficas, soluciones a problemas de dibujo, perspectivas, gestos o rayajos que suelen ser útiles posteriormente cuando nos encontramos ante nuevos proyectos.

Una vez el esbozo está acorde con la idea es el momento de pasar a rotular con tinta china (o un rotulador fino, quien así lo prefiera), con lo que obtendremos el primer dibujo claro y contundente sobre lo que deseamos hacer. En mi caso concreto solamente paso a tinta los contornos, nada de rellenos ni de sombras, eso llegará después.

Siguiente estación: el escáner. En este punto trato de personalizar el escaneado del dibujo de tal forma que desaparezcan los grises claros y las manchas (suelen ser producto de borrar las líneas a lápiz) y procurando una resolución alta, generalmente 600 ppp. El único problema que esto acarrea es que la imagen puede ser pesada (que ocupa mucho espacio en el ordenador, vamos) pero nos permite trabajar posteriormente con mayor detalle y precisión.

¿Y que tenemos en este punto? Pues ni más ni menos que nuestro flamante dibujo en un formato digital de “mapa de bits” el cual debe ser el comienzo del trabajo de depuración y montaje del cómic. Para trabajar con esa imagen a partir de este punto se pueden utilizar programas de dibujo como Adobe Photoshop, Corel Photopaint o aplicaciones gratuitas, pero magníficas, como puede ser GIMP (software libre).

El siguiente paso, y siempre según mi forma personal de hacerlo, es repasar una por una todas las líneas del dibujo escaneado. Es frecuente que la desmoralización más atroz nos llegue en el momento de ver en detalle y ampliadas las líneas que tan graciosamente habíamos elaborado a tinta china. Esto pasa por la enorme resolución del escaneado pero, insisto, es lo que nos permitirá mejorar el dibujo de forma dramática.

Llegados hasta aquí, es el momento de rellenar los negros (sombras). En esta fase mi objetivo es que el cómic sea totalmente creíble a blanco y negro ya que posteriormente, cuando apliquemos el color, lo que haremos será darle más vida al dibujo, nada más. Hemos de plantearnos igualmente que hay comics cuyo resultado es más atractivo en blanco y negro que en color. El dramatismo del b/n es muy superior al color, pero menos comercial.

A la hora de abordar los rellenos, bien sean de color o de blanco y negro, hay que prestar especial atención a los “niveles de matiz entre píxeles adyacentes”. ¿Mande? Si, eso quiere decir que al aplicar un color de relleno, éste se mezclará con la línea de contorno más o menos en función de ese nivel de matiz. Cuanto menor sea, obtendremos un relleno más suavizado con el contorno si bien éste se reducirá. Por poner un ejemplo, una línea de 0,5 mm se podría reducir a 0,4 o 0,3 mm por lo que podría requerir un retoque posterior, pero a cambio el relleno no aparecerá con bordes extraños.

Mi consejo: utilizar colores planos ya que el dibujo quedará mejor definido. Los volúmenes es aconsejable abordarlos posteriormente dando más luz a unas partes del dibujo y más sombra a otras. ¿Qué como se hace? Pues muy fácil. Se crea una máscara en la zona donde vamos a aplicar el pincel (debe ser grueso y suave) de tal forma que controlaremos mejor que no vayamos a sombrear zonas que no vienen a cuento. Y así se debe proceder con cada una de las partes del dibujo, sean grandes o pequeñas.

Los retoques finales son fruto de la experiencia de cada uno y son los que marcan la personalidad del dibujo y del dibujante. En este sentido, mi consejo es dibujar, dibujar y dibujar. Debemos hacer veinte dibujos para quedarnos satisfechos con uno solo. Debemos equivocarnos diez veces para dar con el resultado que deseamos. Personalmente tengo decenas de cajas llenas de dibujos que jamás verán la luz porque los he ido descartando, pero son una fuente perfecta para ir depurando la técnica y resolver situaciones en futuros dibujos o ilustraciones.

Un consejo útil: paciencia; casi nada sale a la primera.

Una vez llegados a este punto, habréis conseguido una pequeña gran obra de arte de la que seguro estaréis orgullosos. No se os olvide firmar el trabajo ya que hay que proteger la propiedad intelectual. Pero sobre todo no olvidéis cobrar a un precio justo el dibujo por aquello de que “de aire no vive el hombre”. En caso de no cobrarlo pensad el magnífico rato que habéis pasado creando vuestra obra, que eso sí que no tiene precio.

Bueno, estoy seguro que todo esto no os servirá prácticamente a nadie de los que lo habéis leído pero francamente yo me he quedado muy satisfecho escribiéndolo. Un saludo.




sábado, 4 de abril de 2009

La ciudadanía en nuestra querida Europa

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Tan solo unas líneas para explicar que este ha sido el dibujo que he presentado para el concurso de “eurocartoon” en el que trato de dibujar mi visión de la comunidad europea. El meollo del concurso era transmitir el concepto de "ciudadanía europea" mediante un cómic.

He perdido el concurso, de hecho no han elegido este dibujo entre los tres mejores, pero me ha permitido pasar un buen rato dibujándolo. Espero que os guste como le ha gustado a mis niños.

¡Ah!, y enhorabuena al ganador.

PD: Para ver el dibujo en grande tan solo hay que pinchar encima.

miércoles, 18 de marzo de 2009

El cuaderno de campo

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Es seguro que la mayoría de quienes puedan llegar a leer estas líneas (asunto que tiene gran mérito, por cierto) conocen la figura de Félix Rodríguez de la Fuente. Para quien no haya oído hablar de él tan solo diré que fue el gran precursor de la divulgación sobre la naturaleza en nuestro país. Se pueden decir muchas cosas de él, casi todas buenas, pero yo me quedo con el amor a la naturaleza que supo transmitirnos por medio de la televisión. Todavía resuena en mis oídos la melodía inconfundible de su programa “Fauna Ibérica” con la silueta de una manada de lobos correteando por un castizo paisaje español.

Curiosamente fue Félix Rodríguez de la Fuente una de las personas que más me indujo al dibujo. Y no por que me animara personalmente, no, sino por admirar la forma en la que plasmaba en libretillas todo lo que iba observando en su deambular por todos los rincones de la Tierra. Es lo que se denominan “cuadernos de campo”. En ellos pude descubrir que el dibujo permite plasmar cosas que no capta la cámara ni, a veces, el ojo humano.

Algunos de los cuadernos de campo de nuestro amigo Félix, como los de naturalistas posteriores, son verdaderos comics. De esto puedo hablar con conocimiento de causa por que he visto muchos, de todos los tipos y colores. Y lo más grande es que muchas de las personas que he conocido que han elaborado magníficos cuadernos de campo no han sido conscientes de la virtud que poseen de poder transmitir con un lápiz no solo una imagen sino sensaciones e incluso opiniones.

En alguna ocasión he contado que estudié Geología. Incluso obtuve el correspondiente título académico. Recuerdo que en la primera salida que hicimos al campo (a la granadina Sierra Elvira) don Florencio se empeñó en explicarnos los secretos de un sistema de fallas que nadie veía por ningún lado (éramos simple borreguillos recién aterrizados en la universidad). Anduvimos de un lado a otro para observar lo que nuestro profesor trataba de transmitirnos desde diferentes perspectivas y el resultado, aunque parecía que mejoraba, seguía siendo el mismo. El caso es que en un momento de desesperación se echó la mano al bolsillo posterior del pantalón y sacó una libretilla (como las de Félix, poco más o menos) y se puso a garabatear. ¡Era el primer cuaderno de campo que veía!. Todos entendimos al instante lo que teníamos delante. A partir de ese momento varios compañeros, y yo mismo, tuvimos casi siempre una libretilla en el bolsillo, llena de dibujos y comentarios (unos más decentes que otros) que se convertían poco a poco en una especie de cómic que nos ayudaban, además, a aprender y a recordar.

Esta enseñanza también la hice extensible al ámbito de los comics, lo cual recomiendo fervientemente a todos. Llevar una libretilla en el bolsillo nos permite obtener ideas, gestos, perspectivas, situaciones o sensaciones que después podremos utilizar en los comics que elaboremos. Nunca hay que perder la oportunidad de dibujar algo que vemos en directo pues cuando nos ponemos delante del papel a veces nos falta la inspiración que, en cierta medida, puede ser sustituida por un buen puñado de apuntes realizados en nuestro cuaderno de campo.

Los cuadernos de campo también tienen su analogía en los story-boards (ya es hora de que busquemos un vocablo castellano para esta palabreja) que se suelen utilizar en el mundo del cómic o, más abundantemente, en la animación.

Uno de los aspectos en los que creo se puede evolucionar más y mejor a la hora de elaborar un buen cómic es en el hecho de realizar un simple story-board en el que ordenemos nuestras ideas antes de abordar el papel y el lápiz. Muchas veces tenemos la tentación de empezar a dibujar cuando se nos mete una idea en la cabeza pero generalmente esto tiene como consecuencia que tengamos la necesidad de utilizar la goma en más ocasiones de las deseables ya que siempre nos viene alguna idea a la cabeza que corrige lo que ya hemos plasmado en el papel.

El story-board ralentiza la labor creativa pero favorece un trabajo más estructurado, más evolucionado y, sobre todo, de mayor calidad.

El cuaderno de campo o, si lo preferís, la libretilla, debe ser un inseparable compañero de viaje de todo buen dibujante.
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jueves, 26 de febrero de 2009

Eurocartoon, un concurso sobre ese país llamado Europa

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Me he enterado algo tarde, pero he descubierto un magnífico concurso de comics sobre temática europea que voy a reseñaros más abajo por si alguien tiene interés en participar. Yo voy a intentarlo ya que la idea me gusta y, sobre todo, porque los adultos podemos presentar trabajos (cosa que casi nunca ocurre).

En mi caso, nací en una ciudad europea llamada Almería y europeo me siento aunque he de reconocer que es más fácil ver las diferencias que nos separan a los ciudadanos de diferentes países europeos que las cosas que nos unen.
El caso es que fue una idea magnífica la de reunir a los países del viejo continente en torno a una economía común, una moneda única y todo lo que vaya aconteciendo en los años venideros. Las ideas pueden ser buenas, o no, en su inicio pero lo más importante es llevarlas a buen término con el trabajo conjunto de todos los que intervenimos, en este caso, los propios ciudadanos europeos.

Creo honestamente que tenemos mucho que ganar uniendo el esfuerzo de todos los países si bien hay bastantes obstáculos en el camino. El primero de los obstáculos, y más importante en mi opinión, es el chauvinismo.
Para empezar, ningún país suele estar dispuesto a ceder lo más mínimo en su parcela de poder a favor del conjunto de Europa. Perder poder significa disminuir la capacidad para manejar presupuestos y decidir donde, cuando, como y quien hace tal o cual proyecto. Es por ello que, lamentablemente, el papel de Europa es, de momento, poco influenciante en los asuntos internos de los países.
Ese mismo chauvinismo es el que propicia que gente, como yo mismo, presumamos de ser españoles, franceses, alemanes o búlgaros antes que hacerlo de ser europeos. A ello contribuye que sigamos siendo países diferentes para muchas cosas esenciales. Sin ir más lejos, el deporte, esa especie de guerra civilizada en la que siempre hay bandos enfrentados y donde el problema es que no hay una selección europea que nos represente en las diferentes disciplinas deportivas ya que ningún país está dispuesto a “ceder” a sus mejores “luchadores”.
Es también ese chauvinismo, pero llevado a su máximo exponente, el que constituye una barrera para Europa. Es el caso de las regiones autónomas, cuya ansia de poder y control constituye una permanente voz discordante y acaso contradictoria en el seno de las instituciones europeas ya que sus intereses pueden estar incluso enfrentados a los del país al que pertenecen.
En cualquier caso soy un convencido de que el gran éxito de Europa estará en la participación conjunta y por igual de todas las regiones autónomas, sin parcelas de poder, sin reinos de taifas y con un único parlamento. Eso, no obstante no deja de ser una utopía ya que todos los políticos, sin excepción, defienden la atomización del poder (nacional, autonómico, provincial, local) con la excusa de llegar mejor hasta el ciudadano.
Pero no quiero cansar más con mis delirios europeístas y voy a pasar a exponeros las bases de ese concurso de comics del que os he hablado antes. Si alguno quiere participar, pues que tenga suerte. La dirección de Internet donde podéis encontrar las bases del concurso es en http://www.eurocartoon.eu/.
Para participar hay que dibujar un cómic de una única página donde la temática central debe ser el concepto de “ciudadanía europea”. El concurso constará de dos fases, una primera nacional y, posteriormente, una europea donde competirán los ganadores de cada uno de los países. El plazo de presentación de los trabajos finaliza el 7 de marzo. Espero que tengáis ocasión de participar. Suerte.
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miércoles, 25 de febrero de 2009

Política de mierda

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A veces llega un momento en que los comics no solo son una obra de arte sino que llegan a constituir un auténtico refugio de paz y sosiego por lo que llegan a significar de evasión de la vida cotidiana. En más de una ocasión cualquiera de nosotros ha cogido un cómic y conforme iba pasando las páginas se iba desvaneciendo ese mundo real al que nos abocamos cada mañana cuando suena el despertador.

El problema es cuando pasamos la última de las páginas y nos encontramos con que esa maravillosa aventura ha llegado a su fin. Me enorgullezco de disponer de una buena colección de comics por lo que mis ratos de evasión son amplios y frecuentes. Además, tengo la suerte de disponer de un buen número de lápices de diferentes grosores y durezas que me permiten iniciar un cómic cuando me he cansado de leerlos.

Uno de esos temas de los que merece la pena evadirse es la política. Me confieso una persona poco devota de cualquier idea política. Solo en una ocasión he participado activamente en política a petición de un amigo y me he arrepentido muchas veces de haberlo hecho. De igual forma, llevo bastante tiempo sin votar ya que nadie se merece mi confianza y ni siquiera me han conseguido engañar últimamente.

Creo que la política con mayúsculas, la buena, es producto de mezclar ideas concretas de cada ideología política, una pizca del programa de cada partido y, sobre todo, la dedicación honesta de los políticos profesionales; pero eso es ciencia-ficción.

Llevaba un buen tiempo sin escribir en este blog debido a un exceso de trabajo y defecto de tiempo libre, pero la inspiración me ha llegado con el hartazgo de ver una y otra vez la bazofia en la que se está convirtiendo la política de este que todavía considero mi país, España.

Desde hace meses vengo observando, como supongo que mucha gente, que la política en este país consiste prioritariamente en meterse con el oponente, con o sin razón y, a ser posible, inculpándolo de cualquier barbaridad. Para colmo, ocurre que esa barbaridad resulta ser cierta a veces y entonces nos terminamos de dar cuenta que casi todos tienen algo que esconder y tratan de hacerlo manchando al de enfrente. Todo esto es últimamente portada ineludible de todos los noticieros de la televisión, radio y prensa escrita.

No hay día que pase sin que alguno de los partidos de este país insulte a sus oponentes, se jacte chulescamente de sinsentidos o acuse a otros de cualquier indecencia. Pero nadie ofrece soluciones ni alternativas creíbles a los problemas con los que nos enfrentamos diariamente los ciudadanos de a pié.

Y resulta además que yo, un ciudadano que paga religiosamente sus impuestos, me siento incapacitado para hacer oír mi protesta y conseguir que se invierta el dinero público como es debido. Sí, ese dinero que pagamos todos y que los gobernantes creen que es suyo.

Si se me ocurre preguntar a un político la razón por la que una carretera no está en condiciones, el motivo por el cual tengo que pagar todos los libros de mis hijos (que curiosamente se reeditan todos los años para que tengamos que adquirirlos obligatoriamente) o por qué la basura de mi domicilio está siempre sin recoger y oliendo pestes... siempre habrá una excusa que sonará incluso creíble y, por supuesto, un reproche hacia el resto de partidos políticos. Pero mi pregunta no obtiene respuesta.

Estoy hasta los carámbanos de que haya ministros que se vayan de cacería (los de ahora y los de antes); estoy asqueado de que haya quien con mi dinero (y el de otros miles de ciudadanos) contrate stands y viajes a precios de oro para que haya terceras personas que se enriquezcan; estoy igualmente irritado de quienes pregonan la austeridad y se compran áticos de lujo en zonas protegidas de la costa gallega; o de quien con mis impuestos invita a sus amigotes en el “txoko” de su residencia oficial.

La verdad es que estoy asqueado de esa política de mierda que nos invade por todos los lados.

Tengo amigos y conocidos que militan en partidos políticos. Hay algunos que lo llevan en el corazón, los admiro porque se dedican a algo en lo que creen. Hay otros que militan por que nadie los ha querido en otro sitio y es, por ello, su único medio de vida. Hay otros, en fin, que solo están ahí por sacar algo.

¿Acaso no tengo motivos para leer un buen cómic y evadirme un poco después de hacer esta breve reflexión en voz alta sobre la política de mierda?
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miércoles, 21 de enero de 2009

Cambio climático y cosas que no interesan a nadie

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Hace ya un buen puñado de años me dio por estudiar una carrera universitaria sin saber muy bien que era lo que realmente significaba eso ni que retos me aguardaban por delante. Mi voluntad obedecía a un impulso tan simple como el de hacer lo mismo que mis amigos y compañeros.

Algún día contaré porqué se me ocurrió matricularme en la carrera de Ciencias Geológicas, una gran desconocida. De momento, tanto mis padres como mi mujer me impiden contar la verdadera historia.

El caso es que tuve el privilegio de comenzar a estudiar geología, donde me enseñaron a leer las piedras, a interpretar los montes y a traducir el curso de las aguas. Ocuparon gran parte de mi tiempo en salidas al campo donde me ilustraron sobre el origen mismo de la naturaleza.

Hay personas a las que les parece un tema árido esto de la geología. La verdad es que “literalmente” se trata de algo árido pues va de tierras, suelos, piedras y arenas. El caso es que a lo largo de los estudios de geología también nos aleccionaron sobre volcanes, terremotos, tsunamis y aludes de nieve. Nos curtieron en mil excursiones en las que nos entrenaron en el difícil arte de saber donde hay que picar para sacar algo de valor e incluso se nos mostró lo fácil que es que un edificio entero se venga abajo por no elegir adecuadamente el terreno donde se construye.

Pero lo más importante, lo que realmente sacamos todos de valor cuando hubimos terminado la carrera de geología fue un apasionado enamoramiento hacia la tierra y la Tierra. Y es que no hay nada como conocer algo para quererlo y nosotros, los geólogos, no sabremos de otras cosas, pero de la Tierra sí que sí.

Todo esto que llevo escrito puede parecer una soberana idiotez, pero hoy en día, y a pesar de lo que llevamos a la espalda en los últimos años, seguimos siendo unos absolutos necios en el respeto a nuestro entorno. Además, también somos cínicos hacia el “cambio climático”. Hablamos de él, grandilocuentemente, por cierto, pero a la hora de la verdad los gobiernos (a todas las escalas) y las personas ( en su mísera escala) seguimos actuando como si no pasara nada.

Si todos nosotros dedicáramos tan solo cinco minutos al día en pensar como mejorar nuestra pequeña contribución a la sostenibilidad y otros diez minutos en llevarlo a la práctica, todo podría empezar a ser un poco mejor.

Pero solo oiremos hablar de sostenibilidad cuando lleguen las próximas elecciones. Solo habrá quien diga de poner grandes planes para mitigar el cambio climático cuando busque los necesarios votos del gobernante. Pero la esencia del cambio mismo está en la suma de pequeños esfuerzos, los que cada uno de nosotros podemos hacer en la intimidad y sin que nadie tenga por qué enterarse.

Al menos es así como yo lo veo.
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