lunes, 17 de mayo de 2010

Libro electrónico y cómic electrónico

Las nuevas tecnologías han avanzado de una forma increíble en los últimos años. Apenas hace treinta años que fue cuando los primeros ordenadores entraban en nuestras casas. ¿Os acordáis del Commodore 64?¿Y de la Spectrum?. Esos eran los tiempos de la conquista del Oeste para todos los que empezábamos a hacer nuestros pinitos con los ordenadores y nadie podría imaginar la forma en la que la tecnología, y especialmente Internet, habría de cambiar nuestras vidas. Sin irnos más lejos, este blog no existiría y tú, amigo lector de este blog, ni siquiera sabrías que un loco como yo escribe a veces idioteces como esta. Y sin embargo... aquí está.

El cambio está siendo tan enorme y tan rápido que a muchos les está costando adaptarse e incluso comprender la verdadera dimensión de la revolución que estamos viviendo. Sectores como el de la música o el mundo editorial todavía no tienen claro qué es lo que va a significar este cambio ni, por supuesto, como adaptarse.

En el sector de la música se puede decir que el toro les ha pillado a todos. El número de descargas de música que se realizan diariamente se cuentan por millones y la consecuencia más clara e inmediata es que las compañías discográficas han empezado a recortar gastos de todos los sitios y a limitar las tiradas, centrando su negocio más en los espectáculos que en los discos en sí mismos. Esto se complementa con una absurda persecución de los derechos de autor que tan solo refleja una impotencia de la industria discográfica. Otro día entraremos en detalles. El caso es que no han sabido maniobrar a tiempo.

Pero, ¿sabrá el mundo editorial reaccionar? ¿Y el mundo del cómic en particular?. De momento no están a la altura de las circunstancias y pocos, muy pocos, están haciendo los cambios estructurales que les puedan permitir mantener un negocio que se va a basar en la dualidad “papel-versión digital” en escasos dos años.

El libro electrónico es algo sobre lo que llevamos meses escuchando hablar. Incluso se puede decir que ha sido uno de los regalos estrella de las pasadas navidades. También se está hablando, y mucho, del nuevo Ipad de Apple, que se supone va a ser la caña para la edición digital.

Soy de los que opinan que el papel va a seguir existiendo durante muchísimo tiempo, pero que habrá un nuevo producto que serán los libros digitales; que nada tendrán que ver con los tradicionales. Se nos ha tratado de vender que los libros digitales son archivos que descargamos en formato PDF para ser leídos en nuestro ordenador, en nuestro reluciente I-Pad o en nuestro libro electrónico, pero eso no deja de ser un camelo o un intento (con falta de imaginación, por supuesto) de la editorial por no perder unos cuantos euros. El libro electrónico es mucho más que eso. Debe ser mucho más que eso.

Supongamos que estamos escribiendo un libro el cual irá a imprenta en las próximas semanas y obtendremos una tirada de varios miles de ejemplares que olerán a celulosa y que podremos acariciar con nuestros dedos un rato todas las noches. Sin embargo, nuestro trabajo no ha debido quedar ahí. Seguimos trabajando para la edición digital del libro la cual, por supuesto, incluirá una versión del libro para ser leída en formato electrónico, pero dispondrá de otros muchos recursos que no se pueden ofrecer en la edición en papel.

Para empezar, el libro electrónico tendrá un enlace que le permitirá al lector conocer toda la vida y obra del autor. Incluso dispondrá de un extracto de otras obras que él mismo ha publicado y que están a su alcance para ser descargadas, si es su deseo, tan solo pulsando una serie de botones. Y no solo eso, sino que el lector podrá acceder a los comentarios que otros lectores han hecho previamente sobre el libro así como manifestar su opinión.

El libro electrónico ayudará al lector a conocer el contexto donde se desarrolla la historia. Si el lector desea leer del tirón todo el libro, podrá hacerlo, pero si por el contrario desea conocer detalles sobre los lugares, personajes o hechos históricos que menciona el libro, tendrá disponible el botón adecuado que le permitirá ir directamente a esos datos. Todo ello le hará comprender mejor lo que está leyendo.

Asimismo, el libro electrónico permitirá conocer en tiempo real el significado de cualquier palabra extraña que aparezca en el relato e incluso aportará sinónimos o incluso descripciones sobre el uso de dicho vocablo.

También el libro electrónico podrá incorporar las versiones en varios idiomas a fin de que el lector pueda conocer otras versiones (incluyendo la original) o, simplemente, practicar otras lenguas que sean de su interés.

El libro electrónico es también un soporte adecuado para ciertas excentricidades como la de crear historias cuyo final (o cuyo desarrollo) dependan de las decisiones del lector.

Sin duda, otra de las opciones de las que dispondremos con los libros electrónicos será la de acompañarlo con nuestras propias anotaciones, marcas de texto o aclaraciones sin que ello suponga estropear el soporte original.

El autor puede incluir, igualmente, una sección en la que relate los pasos creativos que le han llevado al desarrollo de cada una de las partes del libro. Podrá incluir dibujos de los escenarios que tiene en su mente o fotografías de los lugares que le han inspirado. O cualquier otra cosa que se le pueda ocurrir y que esté dispuesto a compartir.

Hay otras muchas ideas alternativas que irán apareciendo e incorporándose a los libros electrónicos y que los convertirán en un producto nuevo, diferente y apasionante. Y, desde luego, compatible con el soporte habitual de papel. Será algo así como los contenidos extras que acompañan a las ediciones en DVD de las películas.

En relación al “pirateo”, no será un problema ya que la compra del libro electrónico se podrá acompañar de un código que facilitará el acceso a los contenidos extras (que pueden ser online u offline). De esta forma, no servirá para nada el contenido extra (valor añadido) sin esa clave y por tanto el pirateo perderá interés.

Con los comics pasará algo similar. Las ediciones digitales deberán incluir estas opciones, u otras, que estarán disponibles para el lector al comprar el cómic electrónico. Seguiremos teniendo el placer de ir a nuestra librería de comics, aspirar ese olor a celulosa y tinta, y palpar con los dedos esos ejemplares que un rato después incorporaremos a nuestras estanterías. Pero también dispondremos de la opción de entrar realmente en los mundos que cada autor ha diseñado para sus comics y conoceremos detalles que de otra forma jamás hubiéramos conocido.

El cómic digital no solo abrirá las fronteras de la imaginación sino que nos permitirá además, pulsando un botón, cosas tan diferentes como conocer los avances de Julio César en la Guerra de las Galias (Asterix); o como se localiza un pecio y se extrae un tesoro del fondo del mar (Tintín); o como vivían los mosqueteros del siglo XVII en Francia (Belladone); o como se comunicaban los Sioux con los Cheyennes (Teniente Blueberry); o de qué se compone la tela de araña (Spiderman); o como es la vida en una residencia de la tercera edad (Arrugas); o donde está la tienda de disfraces más cercana a nuestro domicilio (Mortadelo y Filemón); o saber cuando y donde firmarán los autores próximamente.

El mundo del cómic digital (o del libro digital) el autor cobrará más protagonismo y dispondrá de más herramientas que lo vincularán directamente con el lector. El papel de la editorial puede ser también más importante como creador o catalizador de contenidos. Todos tienen mucho que ganar trabajando en la misma dirección.

En otro post que escribiré más adelante hablaré sobre los cambios estructurales que serán necesarios para soportar esta adaptación a nivel editorial así como las herramientas de las que disponen los autores para canalizar esa creatividad sin depender de la editorial (si ese es su deseo). Estoy convencido que en tiempos como los que corren lo más importante es ser creativo y, hoy por hoy, eso es precisamente de lo que están adoleciendo la mayoría de las editoriales, agarradas a su sillón de toda la vida y cerrando los ojos a un mundo que se abre inexorablemente ante nosotros.

...y que debemos saber aprovechar.

sábado, 1 de mayo de 2010

De la pasión por el cómic a la dictadura del trabajo

Hace unos días, con ocasión de una reunión de la familia, se me sentó uno de mis sobrinos y me dijo algo así como “Oye, tito, de mayor quiero ser dibujante como tú””¿Tu crees que podré ser millonario?”.

Mi primera reacción fue la de soltar una tremenda carcajada la cual hizo que las treinta personas que había en aquella sala se volvieran hacia mí esperando que les relatase de nuevo el chiste a todos ellos.

Tras unos segundos de suspense, me volví hacia mi sobrino y me propuse explicarle lo que significa realmente ser un dibujante de comics y, lo que era aún más interesante, hacerle un esquema claro y conciso de lo que significa la expresión “llegar a ser millonario”. Estaba claro que su cabeza estaba todavía más cerca de los cuentos de Disney que de la cruda realidad.

Y en verdad se trata de un tema interesante que va mucho más allá de una reflexión sobre la profesión de dibujante sino que es aplicable a cualquier otra pasión que podamos tener por una dedicación concreta.

Cuando comienzas a dibujar y descubres que eso es lo que te gustaría hacer el resto de tu vida suele ser a una edad temprana. Los primeros comics que caen en nuestras manos suelen ser los habituales de la pubertad y la adolescencia, es decir, Mortadelo y Filemón, Asterix, Tintín y los americanos de toda la vida (Superman, Spiderman, Los Cuatro fantásticos, Batman y un larguísimo etcétera). En esa tierna edad que muchos añoran solemos estar dedicados a sacar nuestros estudios adelante y el dibujo forma parte de nuestro ocio. Encontramos ratos, por pequeños que sean, en los que nos agarramos a lápiz con sarna hasta gastarle la punta. Pero no aspiramos a más. No pretendemos en ese momento más que dibujar con la sana e inconfesable aspiración, a veces, de presumir ante las niñas de nuestra clase o incluso a que nuestros padres digan esa frase tan manida de... “¡mira que bien pinta mi niño!”.

En la juventud, una vez pasados los dieciséis años, empiezan a aparecer anhelos de grandeza y es el momento en el que muchos empiezan a plantearse la participación en concursos de la más diversa índole (carteles, cómic, ilustración, felicitaciones navideñas, etc.). El problema se agrava en el preciso momento en el que tenemos la suerte (según se mire) de ganar algún concurso. Ese día nos sobreviene un inmenso subidón de autoestima y nos planteamos seriamente, por primera vez, que se puede ganar dinero con esto del cómic.

A partir de esas edades es cuando los que realmente nos gusta esto del dibujo nos presentamos a todos los concursos de los que tenemos noticias y tratamos de asistir a cuantas reuniones, congresos o exposiciones sobre cómic se celebran en cualquier rincón de la geografía nacional (algunos incluso más lejos). No cabe duda, nos decimos a nosotros mismos, me voy a dedicar profesionalmente al dibujo.

Esta última frase dicha en voz baja no suele provocar más reacción que la de matricularnos en la escuela o facultad de Bellas Artes (o similar) a fin de estudiar, aprender, practicar y prepararnos para una vida dedicada al dibujo.

Las diferentes fases de la vida que hemos relatado hasta ahora suelen estirarse hasta los veintipocos años, más o menos. En todo ese periodo lo más normal es que nuestras necesidades vitales estén cubiertas por los progenitores, esto es, no tenemos que buscarnos un empleo para poder dormir, comer o mantener una familia. Esto significa que no tiene relevancia que un día (o una semana, o un mes entero) te levantes y no tengas ganas de dibujar. O simplemente no estés inspirado. Ya llegará el momento en que te apetezca hacerlo de nuevo por que sigues amando el dibujo y sabes que siempre estará ahí cuando lo necesites para dar rienda suelta a tu creatividad... en el momento que sea.

Cuando, pasados los años, has conseguido tu meta, la de dibujar profesionalmente, las cosas cambian radicalmente. Sumido en esa nueva situación, necesitas dibujar para dormir, para comer y para mantener una familia. Es en ese momento cuando no te puedes permitir el lujo de estar supeditado a tus ganas de dibujar o no. Simple y llanamente, tienes que hacerlo.

El problema es que la inspiración es un hada que aparece y desaparece a su antojo. No está ahí, como Campanilla para Peter Pan, cuando la llamas sino que viene o se va sin previo aviso. Pero tú, sin embargo, debes cumplir por que te pagan para ello. Ese es el momento más duro, cuando debes dibujar por obligación y no por pasión. Puedes llegar a odiar el lápiz, el papel y el dibujo en toda su dimensión. Te hallas sumido en la dictadura del trabajo, donde las hadas no suelen penetrar y donde los colores se vuelven más pálidos. Puede llegar a ser muy frustrante.

Hay editores que conocen la importancia de las hadas y otros que solo dan relevancia a las cuentas de resultados. Los primeros son los que nos permiten sacar lo mejor de nosotros mismos y nos crean el ambiente adecuado para seguir dibujando con pasión, como cuando éramos adolescentes. Los otros son los que te hacen odiar tu profesión.

Todos, absolutamente todos los dibujantes con los que he hablado de este tema me reconocen que alguna vez en la vida han llegado a sentir esa situación de angustia ante las exigencias de los plazos de entrega o la necesidad de cambiar páginas enteras por indicación expresa del editor. Eso se acentúa, todavía más, cuando se trata de dibujantes que no desarrollan sus propias creaciones sino que deben dibujar los personajes de terceros simplemente por que son los que dan dinero a la editorial para la que trabajamos y son los que nos permiten llevar un sueldo a casa a fin de mes. Este último caso se produce sobre todo en los que dibujan para las editoriales americanas o japonesas de cómic y manga, respectivamente.

El dibujante profesional añora muchas veces cuando el dibujo era su hobby y no su obligación y es por ello que siempre debemos hacer un esfuerzo para que esa sensación perdure a lo largo de nuestra vida. Es la mejor forma de conseguir que las hadas no se vayan de nuestro lado.

Volviendo a mi sobrino y su dichosa pregunta, y al ver que tras semejante reflexión me puso cara de pocos amigos le dije que esto no solo ocurre con el dibujo. Esto pasa con todo. Geólogos, informáticos, médicos, farmacéuticos, abogados, mecánicos, deportistas o pianistas... todos ellos han experimentado alguna vez en la vida esa sensación de opresión, de dictadura, cuando el hobby se ha convertido en obligación. Por que para todas y cada una de las cosas que hacemos en la vida es importante tener a nuestro lado un hada. Y si son varias, mejor.