miércoles, 23 de marzo de 2011

Libia: La realidad supera a la ficción

Nunca me han gustado las guerras. Creo que siempre hay una solución antes de llegar a las manos (o las armas) y que hay que agotar todos los recursos posibles. Pero, aun así, llegados al límite, un mal pacto es siempre mejor que una guerra, donde siempre es más lo que se pierde que lo que se gana.

Es curioso, pero las guerras al final no dejan de ser transacciones comerciales donde siempre ganan los mismos. ¿Alguien se ha dado cuenta de la similitud de la masacre de Libia con lo que ocurre en otros sitios olvidados del planeta. Hablemos de Yemen, Mozambique, Eritrea, Sudán o el Chad. Pero la diferencia está en que en Libia hay petróleo e intereses comerciales. ¿A alguien le suena que antes haya ocurrido esto?

Para colmo, ahora no le llaman guerra sino “cumplimiento de resolución de la ONU”.

Y para rizar el rizo, las armas que ahora los aliados destruyen son las que ellos mismos les vendieron hace unos poquitos años precisamente a Gadafi (Botoxteitor) y sus compinches.

El colmo es que alguna mente lúcida dice ahora que el objetivo no es eliminar al eliminador sino proteger al que puede ser eliminado.

Vale, ¿y después qué?.

Vuelvo a decir que no me gustan las guerras. No me gustan las injusticias y no me gustan las dictaduras. Pero tampoco me gustan los hipócritas que bajo el paraguas de la buena fe nos hacen comulgar con ruedas de molino.

No a la guerra.

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