domingo, 26 de febrero de 2012

"Arrugas", Paco Roca, el Alzheimer y los premios Goya

Son pocas las veces que he aguantado para ver a quien le daban los premios Goya ya que las ceremonias de este tipo suelen ser bastante pesadas y prefiero invertir mi tiempo en cosas más productivas. Sin embargo, este año he hecho un esfuerzo especial ya que estaba verdaderamente ilusionado con el hecho de que "Arrugas", el cómic de Paco Roca en su versión cinematográfica, pudiese obtener alguno de los dos premios a los que aspiraba.


Y mereció la pena porque así fue. Se llevó el Goya al mejor guión adaptado y también al mejor largometraje de animación.

Alguna vez he escrito en este mismo blog sobre la inspiración que los comics han sido a lo largo de la historia para el mundo del cine tan falto de ideas originales en los últimos tiempos. Ahí están los ejemplos de Batman, Superman, Los 4 fantásticos, Ironman, el teniente Blueberry (que pena de adaptación al cine, por cierto), Asterix, Tintín y, en nuestro caso patrio, Mortadelo y Filemón.

Sin embargo, me alegro doblemente por Arrugas ya que, por un lado, encierra una historia conmovedora que nos toca muy de cerca a la sociedad del siglo XXI y por otro, por el hecho de que se trata de una obra seria que ha sido llevada al cine de forma seria.

Pocos, ni siquiera el propio Paco Roca, podían pensar hasta donde podría llegar este cómic cuando hace algunos años él mismo se paseaba con algunos apuntes sobre Arrugas dentro de una carpeta por el Festival de Angouleme hasta que con una insistencia propia de un simpático caradura consiguió llamar la atención de un editor francés.

Sí, me alegro porque ahora todo el mundo sabe que detrás de esa buena película hay un magnífico cómic e incluso que todavía más allá hay una historia con la que muchos se encuentran y a la que algunos tratan de ignorar: el alzheimer.

Los dos premios Goya recibidos por esta película son importantes, pero lo son más cada uno de los comentarios de reconocimiento que hacen las personas que recién salen del cine tras reflexionar un rato sobre la vida a partir de un simple cómic.

domingo, 12 de febrero de 2012

La paradoja del dibujante

Hace un par de tardes me encontraba dibujando unas cuantas viñetas que tengo comprometidas con una revista cuando se acercó mi hijo, de apenas once años, y me preguntó si podía sentarse conmigo a dibujar. Por supuesto, mi respuesta fue inmediata y afirmativa por lo que al poco rato ya estaba allí sentado con todos sus bártulos dispuesto a "imitar" a su padre. La verdad es que apunta buenas maneras. A su edad yo no pintaba tan bien como él lo hace.

Pasado un rato mi hijo levantó la cabeza y me preguntó: Papá, ¿y tú cuando trabajas?

La pregunta me pilló por sorpresa pero la respuesta fue inmediata: Hijo, ahora mismo estoy trabajando.

¿Trabajando? -me respondió- si llevas toda la tarde dibujando.

¿Y cómo le explicas a tu hijo que dibujar también puede ser trabajar? E incluso que se puede (se debe) cobrar por ello. Lo más doloroso del asunto es que no solo los niños, sino la mayoría de los adultos, no conciben que una persona pueda ser un profesional del dibujo y "además" cobrar por hacer algo con lo que disfrutan soberanamente. Esto también se percibe cuando llegas a un cliente y le das un presupuesto. Te mira a la cara con los ojos entornados dándote a entender que le estás vacilando. Solo le falta preguntarte... "¿y me vas a cobrar esta cantidad por unas cuantas rayas de colores?".

La verdad es que la de dibujante es una dedicación difícil de entender desde el punto de vista profesional. Eso también pasa con los payasos, los humoristas, con muchos deportistas, con los cantantes... Somos considerados como personas que hacemos algo que nos encanta y, por tanto, no deberíamos cobrar por ello.

A veces me cuesta mucho más trabajo explicar todo esto a un adulto que a mi hijo el pequeño ya que los prejuicios se incrementan en relación directa a la edad de las personas, pero es importante que entre todos concienciemos a la sociedad de que cualquier profesión, incluso la de dibujante, requiere de una preparación, de unos estudios y de una dedicación que merecen ser compensadas.

La otra tarde también le expliqué todo esto a mi hijo, pero todavía no estoy seguro de que lo haya entendido.