miércoles, 25 de septiembre de 2019

Los Pactos de la Moncloa

Como ya sabéis, sigo con mis andanzas y reivindicaciones en lo que se refiere al Cambio Climático. Sí, puedo parecer un "friki" sobre el tema, pero es algo que me apasiona, tanto por convencimiento como por voluntad de poner mi granito de arena para que las cosas cambien. Y es por ello que os traigo esta viñeta en la que hago referencia a una noticia de hace pocos días, como es, la medición del nivel más alto de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera desde hace 3 millones de años. Sí, ese gas que es responsable directo del efecto invernadero y que estamos haciendo crecer de forma incivilizada los que nos llamamos "civilización".

Pero no quiero perder la oportunidad de hablar de otro tema parecido para el que vale la misma viñeta.

 Porque también soy españolito de "a pie" y estoy sufriendo en mis carnes un problema de los gordos, como la mayoría de conciudadanos. Tenemos una gran crisis ec
onómica, sí señor. Pero según mi criterio esto es algo más que eso. Es una crisis política y social donde los que nos tendrían que sacar de esto (los políticos, para más señas) se dedican a lo suyo y no a lo nuestro.

No me sirve para nada que los políticos discutan de nacionalismos, de sucesiones en los partidos, de reivindicaciones sindicales absurdas, del color de las aceras, de la vida sexual del oponente o del mérito de unos u otros en tiempos pasados. Pero eso, todo eso, es lo que a ellos les interesa porque son las cosas que justifican su sueldo a fin de mes. Porque, no nos engañemos, lo único que le interesa a los políticos es seguir cobrando a fin de mes.

Echo de menos a POLÍTICOS con mayúsculas como Adolfo Suarez, Manuel Fraga, Felipe González o Santiago Carrillo que, por encima de sus ideologías, miedos, rencillas, odios e intereses decidieron apoyarse mutuamente para remar todos en el mismo sentido. Tuvieron que tragar sapos unos y otros, pero España lo necesitaba. Y gracias a gente como ellos hemos llegado hasta hoy como un país estable. España los necesitó y ahí estuvieron.

Y España los necesita de nuevo, pero ya no están. Y, lamentablemente, los que hay ahora no están a la altura. Y los que están detrás de ellos, tampoco. Y yo, aquí, sentado delante del teclado, me pregunto ¿qué tiene que pasar para que reaccionen?

Volvamos a los osos. Son como nuestros políticos. Están todos pendientes de que no les caiga la mierda encima, como le pasa al de arriba. Pero no se dan cuenta de que se están quedando sin lugar donde pisar. Y, al final, terminarán todos hundiéndose. Unos con más mierda que otros, pero hundiéndose.

lunes, 2 de septiembre de 2019

La independencia de Escocia

Somos seres sociales. Al menos, así es como definimos en general al ser humano. El término sociedad hace referencia al conjunto de individuos que comparten una misma cultura y que interactúan entre sí para conformar una comunidad.

Pero la complejidad del ser humano le lleva a formar parte de muchas comunidades. Solamente desde el punto de vista cultural, una comunidad puede estar basada en el idioma que comparten sus miembros, en el aislamiento geográfico, en una dedicación laboral concreta (gremios), en el gusto por una determinada música o en la defensa de unos valores específicos. De hecho, cualquier ser humano pertenece a diferentes comunidades al mismo tiempo. Y, en general, todas compatible entre sí.

En los últimos tiempos se nos ha presentado la apasionada cuestión de la independencia de los territorios. Sin entrar a valorar la legitimidad de unos u otros, tenemos por ahí a los escoceses, bávaros, catalanes, corsos, vascos, moldavos, crimeos, araneses, alsacianos o vénetos pidiendo su independencia. No todos, por supuesto, pero algunas voces sí que hay en cada una de esas regiones.

Por otra parte están los oportunistas. ¿Quienes? Sí, los oportunistas de la independencia.

Generalmente son políticos (aunque no siempre) que buscan mejorar su situación personal y aumentar su poder buscando un enemigo donde no lo hay. Acordémonos de Napoleón cuando decía, no sin razón, que "nada para acallar a un pueblo descontento como buscarles un enemigo fuera de casa". Y esa es, precisamente, la estrategia de los independentistas: Decidir que existe un enemigo externo, opresor, que quiere hacer desaparecer a la comunidad y sus señas de identidad. A partir de ahí, se repiten las mismas conductas en todos los casos: tergiversación de la historia, fomento del odio, exageración de las diferencias, etc.

La cultura de una comunidad no desaparece al estar dentro de otra más amplia, ni mejorará de forma significativa por ser independiente. Al contrario, las diferencias en sí mismas con sus vecinos son las que le enriquecerán.

La pena, la auténtica pena, es que el ciudadano de a pie no es consciente de que los únicos que ganan con la independencia son los políticos independentistas y sus amiguetes. El ciudadano vivirá con peores expectativas, más dudas y con menos horizonte social, mientras que el político manejará el presupuesto y las Leyes a su criterio con la excusa de la independencia, el país, el Estado.


Siempre es mejor sumar que restar, incluso en política. Los escoceses han sido capaces de entenderlo. Con el tiempo lo agradecerán.